La anhelada unidad de la izquierda va a requerir de tres tipos de personas para su logro. A saber, pensadores, gestores y pedagogos. A los pensadores corresponderá la tarea de idear y deslindar dos clases de unidades. La primera unidad, relativa a los partidos a la izquierda de los socialistas. Y la segunda, la que trenzará la alianza con los socialistas, con miras al gobierno conjunto. Máximo respeto, pues, entrambas izquierdas.
Ambos tipos de formaciones de izquierda comparten un sentimiento común: la derecha, hoy extrema y antidemocrática, es adversaria de toda conquista social así como de la derecha ayer democrática, hoy en minoría frente a aquella. Su enemistad procede de la involución en valores democráticos ya consolidados que se propone abolir. Se tratará entonces de oponer la unidad de la izquierda a la deriva reaccionaria y facilitar, con políticas de sensatez, la emergencia de la derecha democrática con la cual llegar a consensuar políticas de Estado muy necesarias como la reforma de la Constitución sobre la forma de Estado, a someter a referéndum, o la reforma de la Ley Electoral, tan lesiva para las formaciones políticas no mayoritarias.
Españolidad versus patriotismo
¿Cómo enfrentar a la derecha antidemocrática? En el terreno de las ideas, los pensadores unitarios aventarán la españolidad como antídoto ideológico contra el patrioterismo agresivo. Españolidad, expresión compatible con la catalanidad, euskaridad, galleguidad, andalucismo, insularidad… es la manera en que los pobladores de la península ibérica nos vemos a nosotros mismos, convivimos democráticamente y queremos que se nos vea. No excluye, sino que integra. No es agresiva, sino dialogante, bienhumorada y sensata.
Otro objetivo de los pensadores de la unidad de la izquierda será aventar el europeísmo democrático y social frente al soberanismo aislacionista y patriotero a ultranza que agita la derecha extrema y contra el nuevo imperialismo procedente de Norteamérica. Europeísmo equivaldrá a arbitraje europeo entre las superpotencias atlántica y euroasiática, Estados Unidos de un lado y del otro, Rusia, nuestro vecino europeo, y China vecino de nuestro vecino. Item más, será tarea de los pensadores, esto es, teóricos, definir y postular un pacifismo sensato compatible con una Europa federal, fiscalmente unitaria, capaz de autonomizarse militarmente como garantía de su arbitraje entre las superpotencias. Para conseguirlo, la movilización del bagaje civilizacional y diplomático de la Europa de las libertades y los derechos humanos, tan opuesta a la Europa colonialista y expoliadora de medio mundo, será condición sine qua non.
En estrecha concordancia con los pensadores, los gestores-organizadores elaborarán las tareas que serán asumidas, la primera de todas, la de reestatalizar la Sanidad y la Educación, mediante su reconversión pactada con las Comunidades Autónomas, dejando una cuota controlada a la iniciativa privada. Desde luego, la Vivienda deberá ser nacionalizada, con pleno respeto a los tenedores de una vivienda más como caseros y con la meta de poner coto absoluto a la especulación de los fondos buitre acaparadores de pisos y supremos especuladores. Expropiarles será una opción estatal legítima. La consigna “una familia, una vivienda” resume bien este objetivo, dentro de planes estatales específicos de construcción de vivienda pública. Provisionalmente, una adaptación de colegios mayores y grandes edificios como residencias de jóvenes familias debería ser contemplada como solución temporal mientras culmina la construcción de vivienda pública de fácil acceso y financiación estatal.
Afloramiento de la economía sumergida
En cuanto a la Economía, competerá a los organizadores disponer del afloramiento de las mayores franjas de le economía sumergida como palanca fiscal recaudatoria de primera magnitud. No estaría de más estudiar pormenorizadamente la posibilidad de que la Iglesia católica, tribute de manera acorde con su capital inmobiliario. En estas dos fórmulas residirá la posibilidad de hacer frente a las políticas sociales más necesarias y justas. Por otra parte, será tarea prioritaria incorporar la reindustrialización, con rigurosos parámetros de defensa medioambiental, como vector económico decisivo junto con los del Turismo y la Construcción, que han especializado tradicionalmente la economía española.
Capítulo especial lo compondrá la emigración, con la regularización integradora ya emprendida como tónica a seguir y especial protección a los menores no acompañados. (¿Acaso un país como el nuestro, con 49 millones de habitantes, no puede acoger a unos pocos miles de niños y adolescentes en semiabandono, a consecuencia de políticas originariamente coloniales causantes de su infortunio?). Integración y retorno habrán de ser opciones priorizadas.
A propósito del Campo, la fiscalización de las políticas de precios de las grandes superficies monopolistas y del minorismo se convierte en tarea cardinal de la Administración concernida, obligadamente, ya en el control de las fluctuaciones especulativas, tan arbitrarias y dañinas para productores y consumidores. Las ayudas a los jóvenes campesinos para establecerse, así como el apoyo a las cooperativas de producción y el estímulo al consumo responsable devienen en prioridades plenas. Atajar el problema de la vivienda podrá atajar el desafío de la bajísima tasa de natalidad en España, solo paliada por la población inmigrada.
En cuanto a las instituciones, las Academias, por ejemplo, hoy burocratizadas y sumidas en la irrelevancia social, deberán jugar un papel central en la difusión de la Cultura, tarea en la que los Colegios Profesionales deberán incorporar su experiencia para dinamizar asimismo la vida social. El Arte habrá de gozar de la libertad suprema para desplegar su inabarcable patrimonio de creatividad. Las Universidades deberán expandir los saberes que acuñan, dando a conocimiento público tesis doctorales e investigaciones hoy estancadas en sórdidos anaqueles.
Función social de prioridad máxima corresponderá a los Sindicatos, que habrán de contar con el aval estatal más comprometido como interlocutores del mundo del Trabajo. Sus funciones sociopolíticas poseen el máximo interés y alcance. Es preciso señalar que la unidad de la izquierda, en la primera versión antes descrita, incluye partidos que representan a los asalariados, parados y autónomos precarios. La segunda unidad, representa, a grandes rasgos, a partidos que integran profesionales progresistas y autónomos de ingresos de rango medio-alto, mientras la derecha conservadora integra partidos representativos de la clase alta, grandes propietarios industriales y agrarios, y la extrema derecha, todo un abanico que abarca desde el lumpen hasta los sectores más reaccionarios, incultos y ultramontanos de la sociedad urbana y rural.
Propuesta de un elenco
Tarea de los gestores de la unidad será elaborar el casting, el elenco que llevará a la realidad los propósitos unitarios mencionados, para lo que deberá contar con los antiguos agitadores, ahora convertidos en pedagogos difusores de la buena nueva. Deberán hacer pedagogía sobre las metas que los pensadores habrán previamente ideado, vertebradas por los gestores-organizadores, cuyo elenco por ellos elaborado incluirá, si lo desean, nombres y apellidos como los de Gabriel Rufián, Emilio Delgado, Enrique De Santiago, Antonio Maíllo, Yolanda Díaz, Diego Cañamero, Gaspar Llamazares, Manuel Monereo, José Antonio Fernández-Tapias, Ione Belarra, Pablo Iglesias, Baltasar Garzón, Irene Montero, Mertxe Aizpurúa, Ana Pontón, Óskar Matute, Román Rodríguez, entre otros y otras, que, según desearan, podrían repartirse las tres tareas teóricas, administrativas y pedagógicas anteriormente descritas.
La unidad, los dos tipos de unidad mencionados, no serán ni más ni menos que medios apropiados y sensatamente estudiados para conseguir el fin más preciado: el mantenimiento y desarrollo del hoy amenazado sistema de libertades, derechos y deberes democráticos que corresponde a una ciudadanía comprometida con la convivencia, la paz y el respeto al medioambiente. Nada será conquistable sin una Justicia que abandone el corporativismo ahora tan dañinamente hegemónico y que aplique la ley con la equidad como prioridad suprema, antídoto de la desigualdad hoy campante por doquier. Demos por hecho el respeto al Poder Legislativo, depositario de la soberanía nacional, y la atención solidaria o crítica, como sus actos demanden, hacia la acción de todo Gobierno.
Despolarizar y dehostilizar
Pugnar por satisfacer estos propósitos exigirá abandonar todo tipo de aventurerismo político, así como descartar el adanismo de una parte de la izquierda, conjurar la polarización inducida por la derecha y deshostilizar las relaciones sociales. La ingenuidad y la fragmentación se pagan muy caras en la vida política. Por ello, unificar la abundante energía social dispersa en mareas y miles de acciones reivindicativas muy vividas pero casi siempre descoordinadas será misión de máxima prioridad e interés para los unificadores de la izquierda. Confundir partidos con movimientos, también será un caro error. Despreciar la lucha sindical será igualmente un error letal, como desdeñar el potencial sociopolítico que la acción sindical implica. Conseguir que la derecha conservadora, hoy opacada cuando no abducida por el fanatismo, regrese al redil democrático mediante una firme garantía de respeto y juego limpio, se yergue ante la unidad de la izquierda como tarea ímproba pero factible.
Ojalá este prontuario contribuya, en sus limitaciones, a hacer posible conseguir la necesarias fusión de horizontes capaz de unificar las izquierdas peninsulares, como garantía de calidad de vida democrática en España para todos y todas, por la que tantos esfuerzos se desplegaron durante tantas y tan dolorosas décadas. Quizá, quizá, podamos entre unos y otros, entre unas y otras, estrenar una nueva cultura política para nuestro país, a sabiendas de que la ambición y la ética son dos de sus componentes cardinales, que mutuamente se controlan y cuya armonía permite el desarrollo pacífico de la vida, mientras abre paso a imaginar nuevas formas de emancipación.