La trama de poder y tráfico sexual vinculada a Jeffrey Epstein parece no tener fin y continúa generando nuevas revelaciones y ampliando su alcance internacional. El escándalo, que ha salpicado a figuras de Estados Unidos y Reino Unido, suma ahora nuevos focos de investigación y mantiene bajo sospecha a destacadas personalidades.
Entre los últimos episodios figura la detención del ex príncipe Andrés, quien quedó en libertad tras 11 horas arrestado bajo sospecha de conducta inapropiada en cargo público. Ahora, el nombre de Jeffrey Epstein vuelve a situarse en el centro del caso, mientras los investigadores rastrean conexiones y movimientos relacionados con la red.
La atención se ha desplazado también hacia el denominado Zorro Ranch, una remota finca en Nuevo México adquirida por Epstein en 1993 al exgobernador demócrata Bruce King. En este enclave, conocido como el “rancho de los horrores”, se investiga la posible existencia de pruebas clave e incluso la sospecha de que puedan hallarse enterrados los cuerpos de dos niñas presuntamente asesinadas.
La finca, de 26.700 pies cuadrados, incluía mansión principal, casas de huéspedes, piscina, estación de bomberos, garajes con calefacción, pista de aterrizaje privada, hangar y helipuerto, convirtiéndose en uno de los enclaves más herméticos vinculados al financiero.

Durante años circularon rumores de que el rancho era uno de los lugares a los que Epstein trasladaba a menores en su jet privado. Documentos judiciales y testimonios de sobrevivientes sostienen que en la propiedad se produjeron abusos y que por ella pasaron invitados influyentes.
Además, diversas demandas civiles señalaron que en ese lugar Epstein perseguía la misión de montar una operación para “procrear bebés” y “sembrar la raza humana con su ADN”, una idea que, según el escritor Jaron Lanier, habría comentado con científicos, inspirándose supuestamente en el controvertido Depósito para la Elección Germinal que operó en California entre 1979 y 1999.
Cuatro años después de la muerte de Epstein, la propiedad cambió de manos: en 2023 fue adquirida discretamente por la familia de Donald Huffines, exsenador estatal de Texas, y rebautizada como Rancho de San Rafael.
Ante estas revelaciones, legisladores estatales de Nuevo México han abierto una investigación sobre las actividades desarrolladas allí. “Ese perpetrador no pudo actuar solo. No pudo dirigir una red sexual solo”, señalaron, subrayando que también deben rendir cuentas quienes facilitaron sus operaciones, “incluido el propio estado si es necesario”.
El escándalo también vuelve a poner el foco en el presidente estadounidense Donald Trump, cuyo nombre aparece en documentos del caso. Trump se considera “exonerado” y reconoce que tuvo contacto con Epstein, aunque afirma que lo expulsó de su club hace años por ser un “maldito pervertido”.
En paralelo, se investigan más de 90 vuelos entre Londres y Nueva York vinculados al jet privado de Epstein, conocido como el Lolita Express, que presuntamente transportaba a jóvenes. El uso de esta aeronave habría continuado incluso después de la muerte del financiero, lo que refuerza la magnitud de una red que, lejos de cerrarse, sigue revelando nuevos capítulos.