Este 19 de febrero, coincidiendo con el día en que cumple 66 años, la policía británica ha detenido al expríncipe Andrés, hermano del rey Carlos III, en su residencia de Sandringham, bajo la sospecha de «mala conducta en un cargo público» relacionada con sus vínculos en el caso de Jeffrey Epstein. La noticia fue confirmada pocas horas después, generando una inmediata reacción oficial desde Buckingham Palace.
El comunicado fue encabezado por Carlos III: “He recibido con profunda preocupación la noticia sobre Andrew Mountbatten-Windsor y la sospecha de conducta indebida en el ejercicio de un cargo público”. El monarca subrayó que ahora corresponde que se lleve a cabo “el proceso completo, justo y adecuado” por parte de las autoridades competentes.
Carlos III insistió en la colaboración de la Casa Real con la justicia: “Cuentan con nuestro apoyo y cooperación plenos y sinceros. Permítanme decirlo claramente: la ley debe seguir su curso”. Asimismo, señaló que mientras continúe el proceso “no sería correcto por mi parte hacer más comentarios sobre este asunto”, asegurando que la familia real continuará con su deber y servicio público.
La relación del expríncipe Andrés con Epstein —condenado por tráfico sexual de menores— lleva años siendo motivo de controversia, especialmente tras la difusión de fotografías y documentos que lo mostraban junto al delincuente sexual y a su colaboradora Ghislaine Maxwell, incluso después de la condena de 2008. En los últimos meses, nuevos correos electrónicos e imágenes desclasificadas en Estados Unidos habrían reavivado las sospechas.
Algunos de esos documentos apuntan a intercambios de mensajes y posibles encuentros organizados cuando Andrés ejercía como representante comercial del Reino Unido, e incluso a la supuesta revelación de información confidencial, aspecto que ahora centra la investigación por posible mala conducta en el ejercicio de un cargo público.
Aunque los detalles de la detención no se han esclarecido por completo, el príncipe ya había sido apartado de la vida oficial. En octubre de 2025, Carlos III le retiró títulos y honores para proteger a la monarquía ante la presión pública. Desde entonces residía discretamente en Wood Farm, en Sandringham, donde finalmente fue arrestado, marcando un nuevo capítulo en la crisis que afecta a la familia real británica.