Cuando una pareja inicia un proceso de fecundación in vitro (FIV), cada decisión médica se vive con enorme expectativa. En especial en los casos de baja reserva ovárica, donde las probabilidades pueden ser menores, cualquier estrategia que prometa mejorar los resultados genera esperanza. Sin embargo, un amplio estudio internacional acaba de arrojar luz sobre una de las opciones que más debate había generado en los últimos años: la administración de testosterona antes de la estimulación ovárica.
La investigación, liderada por el centro especializado Dexeus Mujer y publicada en la revista Nature Communications, concluye que aplicar testosterona transdérmica antes del tratamiento no aumenta de forma significativa las tasas de embarazo clínico. Es decir, no mejora las probabilidades de lograr una gestación confirmada mediante ecografía y latido cardíaco.
La hipótesis de partida tenía base científica. La testosterona es una hormona que producen de forma natural los ovarios y las glándulas suprarrenales, y participa en el desarrollo de los folículos ováricos. Algunos estudios preliminares habían sugerido que podría potenciar la acción de la hormona foliculoestimulante (FSH) y favorecer una mejor respuesta ovárica. Pero las evidencias eran limitadas y no existía un consenso claro sobre dosis ni duración del tratamiento.
Para despejar dudas, el nuevo ensayo clínico contó con la participación de 10 centros de distintos países europeos y analizó a 288 mujeres de entre 18 y 43 años con baja reserva ovárica. La mitad recibió un gel de testosterona durante nueve semanas antes de iniciar la estimulación; el resto, un placebo.
Los datos obtenidos fueron contundentes: las tasas de embarazo clínico fueron muy similares en ambos grupos. En el grupo tratado con testosterona se registró un 15,7 % de embarazos, frente al 14,9 % en el grupo placebo. La diferencia no fue estadísticamente significativa.
Este hallazgo tiene implicaciones importantes. En primer lugar, evita generar falsas expectativas en mujeres que ya atraviesan un proceso emocionalmente exigente. Además, permite ahorrar tiempo, ya que la administración previa de testosterona retrasaba el inicio del tratamiento de estimulación ovárica.
Los investigadores subrayan que estos resultados no cierran la puerta a seguir buscando estrategias que optimicen la FIV en mujeres con baja reserva ovárica. Al contrario, orientan la investigación hacia alternativas con mayor potencial y base científica más sólida.
En el ámbito de la reproducción asistida, cada avance cuenta, pero también cada evidencia que ayuda a descartar intervenciones poco eficaces. La ciencia, aunque a veces frene expectativas, cumple así su función esencial: ofrecer respuestas basadas en datos rigurosos.
Para muchas mujeres y parejas, la FIV sigue siendo un camino de esperanza. Y contar con información clara y contrastada es, sin duda, una herramienta fundamental para tomar decisiones con mayor seguridad y confianza.