No matéis a Bambi, lo necesitamos.
Quién nos lo iba a decir cuando de niños llorábamos al ver aquella película de Disney o cuando nuestros padres nos leían el cuento, con ese momento feliz, con el nacimiento de aquel hermoso, dulce y maravilloso cervatillo.
Todo era idílico y verdadero, a nuestro entender, ese cuento nos enseñaba a conocer el sentimiento de piedad, fidelidad, amor a los nuestros, la amistad y el compañerismo.
Nos educaban así con esos principios con los que crecíamos y esas normas nos dieron a muchos las pautas para formarnos como buenas personas, que en verdad, era de lo que se trataba.
Hoy viendo y sintiendo esa falta de humanidad de muchos, tapada por ese consumismo feroz, casi alienados, embutidos a todas horas en sus móviles casi como autómatas, representan a una sociedad sorda en el día a día, cultivando su presencia ante los demás y escenificando todo lo que les transmiten las modas.
Sí, es cierto que estudian y se involucran en sus carreras, pero no escuchan, en casa no hablan, y sus amistades son el anticipo a lo que practicarán cuando vuelen del confortable nido creado por sus padres.
Muchos tienen una falta total de empatía, y la falta materna y paterna la transmiten cuando les das apoyo y comprensión.
La historia de Bambi con sus amigos y adversarios era muy instructiva, aprendías con sus enseñanzas, jugando, disfrutando de la naturaleza, esa historia te enseñaba a protegerla, pues existía para nuestro placer y debíamos ser agradecidos por tan bello regalo y la cuidabas con amor.
Hoy, ese ciclo de la vida que nos enseña a convertirnos en hombres y mujeres de bien para llegar a la madurez, no se practica tanto como antes, por la ausencia de los padres al estar trabajando, mientras nuestro coraje de vivir nos hace fuertes.
Hoy, el cuento de Bambi está totalmente olvidado, era un canto a esa naturaleza que germina continuamente, pero existen seres despiadados que suelen quemar los bosques destrozando el hábitat de muchas familias y de los animales que huyen despavoridos y que, entre la negrura de los campos quemados, aparecen sus cuerpos inertes cubiertos de cenizas.
Ver un bosque quemado hiere la sensibilidad de cualquier bien nacido. Es un espectáculo dantesco donde todos perdemos, sea en la provincia que sea, son nuestros, nos pertenecen como regalo hermoso para nuestra vida.
Los incendios provocados por esos locos incendiarios con nefastas conciencias son la peor casta que puede existir. Esa actuación los convierte en seres despreciables.
El cuento de Bambi nos enseñó de niños ese respeto que luego transmitimos a nuestros hijos.
Estad atentos, pues cuando pierdes la sensibilidad por todo lo que nos ofrece la vida, debéis luchar para mantener ese espíritu, no lo olvidéis, por muchos años que viváis.
Bambi amaba el bosque, era para él su propia existencia, y al verlo en llamas, ese fuego reflejado en sus ojos como un espejo, le hizo ver la maldad y la destrucción.
No dejemos cadáveres a nuestro paso, el ser humano debe amar todo lo creado, los animales nos estudian y nos observan, en la historia del cervatillo los animales nos consideraban casi divinos.
El protagonista de la historia aprendió a crecer ante las adversidades y las pérdidas de sus amigos, estas le llenaron de valentía, creando esa historia de reflexión y aprendizaje.
Las guerras matan, hombres contra hombres son nuestros semejantes, necesitamos que desaparezcan de nuestros gobiernos, esos siete pecados capitales que son los que nos enfrentan sin piedad.
La soberbia, avaricia, lujuria,ira, gula, envidia y la pereza.
Si los poseemos y los practicamos, serán la base de nuestros propios fracasos en la vida, como seres humanos.
¡Debemos estar atentos y ser fuertes, para no caer!
¡No matemos a Bambi, necesitamos de su inocencia, amor y entusiasmo por la vida!
Es fundamental educar a las nuevas generaciones en esta sensibilidad. Muchos las han perdido y todo se reduce en la practicidad y economía de las cosas. También observamos que hay personas aparentemente con pocos escrúpulos que tienen un cargo de responsabilidad o poder, ya sea en los propios gobiernos o incluso en grandes empresas que impactan con sus decisiones en nuestras vidas y en el medio ambiente.
Valorar, proteger y cuidar tanto a los animales como a la naturaleza debería ser la primera norma a cumplir en la mente de cualquier persona pero por desgracia no suele ser así y esto nos indica el largo camino que aún nos queda para mejorar como sociedad.