Gritar o desahogarse podría no ayudar a reducir la ira como se cree

17 de noviembre de 2025
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Desahogarse I Freepik

Repensar la idea de que desahogarse calma la ira nos invita a cuestionar hábitos y creencias sociales, incluso aquellas asociadas con “soltar para sanar”

Durante décadas, hemos escuchado que “desahogarse” es la clave para calmar la ira: gritar, golpear un cojín o incluso lanzar objetos parece una manera instintiva de liberar el enojo acumulado. Sin embargo, un estudio publicado en Clinical Psychology Review pone en duda esta idea que muchos consideramos natural. Investigadores analizaron más de 150 estudios con más de 10 000 participantes y descubrieron que estas acciones no solo no disminuyen la ira, sino que en algunos casos la intensifican.

La explicación reside en cómo funciona nuestro cuerpo. Cuando nos desahogamos, activamos el sistema nervioso simpático: el pulso aumenta, las hormonas del estrés se disparan y la excitación fisiológica se mantiene. En otras palabras, nuestra “caldera interna” sigue al rojo vivo. Por eso, intentar liberar la ira a través de gritos o golpes es más parecido a abrir la tapa de una olla a presión: en lugar de enfriar el vapor, solo lo hace explotar con más fuerza, según el EXCELSIOR.

Estrategias que realmente funcionan

Si el desahogo no ayuda, ¿qué sí lo hace? La investigación sugiere que la clave está en reducir la activación fisiológica, no en incrementarla. Técnicas como la respiración diafragmática profunda, la meditación, el yoga lento y la relajación muscular progresiva han demostrado ser eficaces para disminuir la intensidad de la ira. Estas prácticas permiten “bajar la temperatura interna” antes de que la emoción se transforme en agresión o resentimiento.

Aplicarlo en la vida diaria es más sencillo de lo que parece. Por ejemplo, cuando notes que la ira comienza a subir, detente durante 30 segundos, respira profundamente y cuenta hasta diez. Movimientos suaves, como estirarte o caminar despacio, pueden ser más efectivos que golpear o gritar. También ayuda reflexionar sobre el desencadenante: muchas veces no es solo el hecho en sí, sino la interpretación que hacemos de él. Imagina tu mente como un motor recalentado: moverlo bruscamente o gritar al costado no lo enfría; reducir la velocidad y calmarlo sí.

Repensar la idea de que desahogarse calma la ira nos invita a cuestionar hábitos y creencias sociales, incluso aquellas asociadas con “soltar para sanar”. La próxima vez que sientas la rabia subir, prueba una pausa consciente en lugar de un grito impulsivo. Aunque estas estrategias son accesibles, siempre es recomendable acudir a un terapeuta o especialista si la ira comienza a dominar tu vida diaria.

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