La Asociación Española Contra el Cáncer (AECC) ha recordado que cualquier modificación en el tamaño, forma, color o textura de un lunar puede ser un indicio de cáncer cutáneo. Aunque la gran mayoría de los lunares son benignos, los especialistas aconsejan vigilar de cerca cualquier alteración y mantener la piel protegida frente a la radiación solar.
La exposición excesiva a los rayos ultravioleta, tanto del sol como de fuentes artificiales, constituye el principal factor de riesgo. Desde la organización inciden en que las quemaduras sufridas durante la infancia y la adolescencia son especialmente peligrosas, ya que la piel «tiene memoria» y los daños pueden manifestarse años más tarde.
Para facilitar la autoexploración periódica, la AECC recomienda aplicar la regla del ABCDE, que evalúa la asimetría, los bordes irregulares, la variación de colores, un diámetro superior a seis milímetros y la evolución o cambios recientes en la lesión. Detectar estas señales de forma temprana es vital para frenar el melanoma, un tumor agresivo y con capacidad de metástasis.
Ciertos perfiles de población presentan una mayor vulnerabilidad frente a esta enfermedad, destacando las personas de piel, ojos y cabellos claros, así como aquellas con una alta concentración de lunares o marcas atípicas. Los expertos recomiendan a estos colectivos extremar las precauciones y acudir al médico ante cualquier duda o señal sospechosa.