Vanesa Martín cumple dos décadas sobre los escenarios y lo hace reivindicando una trayectoria construida al margen de las tendencias musicales dictadas por las redes. “Soy consciente de que no hago la música que hoy día mueve el algoritmo fuerte”, reconoce la artista, que asegura que sus seguidores tampoco quieren someterse a esas reglas: “Hay mucha gente que no quiere ser soldado de ese algoritmo”. Para ella, el verdadero éxito ha sido poder hacer durante estos 20 años lo que quiere, como quiere y con quien quiere.
La cantante, que llevará su gira Casa Mía a Toledo el próximo 5 de septiembre, asegura que intenta evolucionar sin perder su esencia. “No me gusta estancarme”, afirma, aunque apuesta por hacerlo con equilibrio en un mundo que cambia a gran velocidad.
Esa misma libertad está presente en su forma de componer, un proceso que surge de las emociones y de aquello que le llama la atención en su día a día. “Yo voy escribiendo según voy viviendo”, explica. Una película, la historia de un amigo o una experiencia personal pueden terminar convirtiéndose, tarde o temprano, en una canción.
Uno de los ejemplos más especiales de ese proceso creativo nació a raíz de “todo lo sucedido en Ceuta”. Martín explica que aquella realidad le inspiró para escribir sobre sentirse “fuera de un lugar” y afrontar el proceso de empezar de nuevo, aprendiendo un idioma, una costumbre y una cultura.
En este caso, reconoce que la composición requirió un trabajo diferente: “Aquí tengo que pensar más”, porque quería abordar el tema “de una manera delicada, bonita y no muy evidente”.
Con Casa Mía Plus, la artista celebra sus 20 años recuperando canciones que llevaba tiempo sin interpretar, renovando el repertorio y refrescando el sonido. Pero, sobre todo, quiere convertir sus conciertos en un espacio emocional.
“No es un lugar físico, sino más bien un lugar emocional”, explica. Un territorio donde “la libertad y el respeto prevalecen por encima de todo” y donde cada persona pueda mostrarse sin miedo al juicio. “Pretendo que la gente desconecte esas dos horas de concierto y sean su versión más auténtica”, señala.
Esa búsqueda de autenticidad contrasta con una sociedad y unas redes sociales que, a su juicio, generan demasiada presión por aparentar una vida perfecta. Martín critica la “ansiedad” provocada por la necesidad de mostrar los mejores viajes, comidas o planes y reivindica la importancia de apartarse de la pantalla.
“Hay que dejar de mirar tanto el teléfono y mirar más las puestas de sol”, defiende. En su propia carrera, asegura que aprender a decir que no le ha permitido encontrar después “grandes síes” y depurar sus ideas con el paso del tiempo.
La cantante también se muestra optimista respecto al papel de las mujeres en la música, aunque advierte de que todavía queda mucho camino por recorrer. “Soñar, sueño y pelearlo lo peleo. Peleo por conseguir esa igualdad”, afirma. Martín apuesta por seguir rompiendo barreras en una industria marcada todavía por una tradición machista y lanza un mensaje claro: “Sí, soy optimista, pero queda muchísimo todavía por hacer. No podemos bajar los brazos”.