En pleno siglo XXI, cuando la medicina ha alcanzado avances extraordinarios, casi 94 millones de personas viven con problemas graves de visión o ceguera provocados por cataratas. Lo más preocupante es que, según un reciente informe internacional en el que ha colaborado la Organización Mundial de la Salud (OMS), la mitad de quienes necesitan cirugía no tiene acceso a ella.
La catarata es una afección que provoca la opacidad progresiva del cristalino, la lente natural del ojo. Esto se traduce en visión borrosa, pérdida de nitidez y, en casos avanzados, ceguera. Lo paradójico es que su tratamiento es relativamente sencillo: una intervención quirúrgica que suele durar apenas 15 minutos y que, en países con altos ingresos, se realiza de forma habitual y segura.
Sin embargo, el análisis publicado en The Lancet Global Health, basado en datos de 68 países, pone de manifiesto una profunda desigualdad sanitaria. Aunque el acceso a la cirugía ha mejorado ligeramente en las últimas dos décadas, el avance es lento y no suficiente para cubrir las necesidades actuales. África es la región más afectada: en algunos países, tres de cada cuatro personas que requieren la operación no llegan a recibirla. El informe incluso señala que, en determinadas zonas, una gran parte de los pacientes morirá antes de poder acceder al procedimiento.
Además, existe una brecha de género significativa. Las mujeres presentan sistemáticamente menor acceso a la atención oftalmológica que los hombres, lo que agrava aún más la situación, según Europa Press.
La cirugía de cataratas está considerada una de las intervenciones médicas más rentables y eficaces. Entonces, ¿por qué millones de personas siguen sin operarse? Las causas son múltiples. En muchos países, los servicios oftalmológicos se concentran en áreas urbanas, dejando a comunidades rurales prácticamente desatendidas. A esto se suma la escasez de profesionales formados y la falta de infraestructuras adecuadas.
El coste también es un obstáculo importante. En numerosos contextos, los pacientes deben asumir gastos que resultan inasumibles. Por ello, la OMS insta a los gobiernos a integrar la cirugía de cataratas en los paquetes públicos de salud y a fortalecer alianzas entre el sector público y privado para ampliar la cobertura.
La prevención y la concienciación también juegan un papel clave. Aunque el envejecimiento es el principal factor de riesgo, existen otros elementos modificables, como la exposición prolongada a la radiación ultravioleta, el tabaquismo o el mal control de enfermedades como la diabetes. El uso de gafas de sol, sombreros y revisiones oculares periódicas puede marcar la diferencia.
Más allá de las cifras, el informe lanza un mensaje claro: la ceguera por cataratas es, en la mayoría de los casos, evitable y tratable. Garantizar el acceso equitativo a una intervención sencilla no solo mejora la calidad de vida de millones de personas, sino que también es una cuestión de justicia sanitaria global.