Un testigo detalla los tejemanejes de la denuncia anónima que llevó a Villarejo a la cárcel

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José Manuel Villarejo
El excomisario José Manuel Villarejo.

David Rodríguez Vidal, el excolaborador del CNI que presentó la denuncia anónima en la Fiscalía Anticorrupción contra el excomisario José Manuel Villarejo, describió ayer, durante el juicio por el caso Tándem que se celebra en la Audiencia Nacional, los tejemanejes urdidos por agentes de la UCO de la Guardia Civil y la propia fiscalía para abrir la investigación que posteriormente determinaría la detención y encarcelamiento del excomisario en noviembre de 2017. No es normal que Anticorrupción investigue una denuncia anónima, pero en este caso sí se hizo porque la propia fiscalía estuvo en la trastienda de su gestación, a juzgar por el testimonio de Rodríguez Vidal, excolaborador del CNI y la policía hasta el año 2013.  

Por entonces, cuando se presentó la denuncia, el CNI ya sabía que Villarejo se había entrevistado en Londres con la amiga íntima del rey Juan Carlos, Corinna Larssen y, según fuentes jurídicas, quería neutralizar a toda costa al excomisario y la información que este hubiera obtenido de la princesa alemana. Villarejo y el exjefe del CNI, Félix Sanz Roldán, mantenía en esa época una fuerte disputa tras dejar entrever el comisario que faltaban varios millones del importe efectivamente pagado por el Estado español a cambio de que un grupo terrorista yihadista liberara a dos periodistas españoles.   

Inicialmente, estaba previsto que la denuncia la presentase el empresario Francisco Menéndez, representante en España de la petrolera nacional de Guinea Ecuatorial (Gepetrol). La denuncia era por un sospechoso negocio que habían compartido Menéndez y Villarejo. Menéndez, pues, conocía los detalles del negocio, y le dijeron que si denunciaba a Villarejo él podría quedar libre de un delito fiscal derivado de ese negocio. Vidal entró en escena y le ofreció su ayuda, que consistía en pactar con la fiscalía su exculpación y, a la vez, delatar a Villarejo.

Posteriormente también ofreció su intermediación, a instancias de Vidal, un comandante de la UCO de la Guardia Civil, Antonio Balas. Según Vidal, fue él mismo quien metió en escena a la UCO y le facilitó la información que le proporcionó Menéndez. Acudió a la UCO, dijo Vidal, porque la policía no le hizo caso. La misión de Balas, siempre según Vidal, consistió en reunirse con el entonces fiscal jefe Anticorrupción Manuel Moix y el fiscal Ignacio Stampa (apartado más tarde de la investigación del caso Tándem). Estos le dijeron que para investigar ese asunto era preciso que alguien lo denunciase.

Como Menéndez a última hora se negó a presentar la denuncia, el mismo Vidal lo hizo con los datos que le había facilitado a él Menéndez, pero sin poner su nombre, de forma anónima. Pese a estos tejemanejes, la Fiscalía decidió abrir la investigación. Y lo que en principio era una denuncia por un hecho relacionado con la citada petrolera, a continuación se convirtió en una investigación general que acabó abarcando toda la vida del excomisario. La policía de Asuntos Internos entró en el chalé de Boadilla del Monte que posee el excomisario y le decomisó todas las grabaciones que este había ido acumulando a lo largo de su vida como agente de Inteligencia de la policía.

Con todo ese material, el caso Tándem se compone hoy de una treintena de causas derivadas en su mayoría de la información contenida en las grabaciones intervenidas en la casa del excomisario. “En términos jurídicos, si eso sucedió así, es lo que en un Estado de Derecho se llama investigación prospectiva o inquisitorial, proscrita por la ley. A nadie se le puede investigar su vida entera a partir de una denuncia, para colmo anónima, y por un hecho muy delimitado”, afirman fuentes del Tribunal Supremo.

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