Turbulencias aéreas y cambio climático: el fenómeno que alimenta el miedo a volar y se intensifica con el calentamiento global

31 de agosto de 2025
3 minutos de lectura
Un avión volando / Freepik

Se prevé que se tripliquen en todo el mundo para 2050 y que afecten especialmente a las rutas de Asia Oriental y el Atlántico Norte

Las turbulencias aéreas son un fenómeno que alimenta el miedo a volar, ya que muchas personas lo relacionan con la pérdida de control o experiencias previas desagradables

«Vimos sangre en el techo… Era un caos total». Así describe un pasajero lo ocurrido en un vuelo de Singapore Airlines que sufrió fuertes turbulencias sobre el sur de Myanmar en 2024. “Había mucha gente tirada en el suelo”, relata.

A comienzos de este año, un Boeing 787 de United Airlines atravesó una situación similar sobre Filipinas. Una azafata salió despedida contra el techo. Sufrió una conmoción cerebral y una fractura en el brazo, según recoge El Observador.

Crisis climática

Los incidentes graves por turbulencias están aumentando por el cambio climático. Las turbulencias severas en aire claro, invisibles para radares, satélites y al ojo humano, han crecido un 55% desde 1979, según Paul Williams, profesor de Ciencias Atmosféricas en la Universidad de Reading (Reino Unido).

Se prevé que se tripliquen en todo el mundo para 2050, afectando especialmente a las rutas de Asia Oriental y el Atlántico Norte. Este fenómeno alimenta el miedo a volar, ya que muchas personas lo relacionan con la pérdida de control o experiencias previas desagradables.

Las turbulencias también generan costes a la aviación. Dañan los aviones y obligan a desvíos que aumentan el consumo de combustible y las emisiones. Aunque la mayoría de casos no pasan de la incomodidad, la creciente frecuencia obliga a aerolíneas, científicos e ingenieros a buscar soluciones.

Cambios en las alas

En los últimos 40 años, las turbulencias han aumentado un 55%. Volar a través de vórtices y corrientes ascendentes con el mínimo impacto requiere ingeniería precisa, matemáticas avanzadas y análisis de dinámica de fluidos.

Turbulence Solution, una empresa austriaca, ha desarrollado pequeños flaplets que se añaden a los alerones de las alas. Estos ajustan su ángulo según las lecturas de presión del borde de ataque, estabilizando el avión como las plumas de las aves.

Según la compañía, esta tecnología reduce en más del 80% las cargas de turbulencia percibidas por los pasajeros. Hasta ahora solo se ha probado en aviones pequeños. Su director ejecutivo, Andras Galffy, cree que puede escalarse:

«La opinión generalizada es que se pueden evitar o aceptar las turbulencias y hacerles frente abrochándose el cinturón y reforzando el ala. Pero nosotros decimos que no es necesario aceptarlas. Solo se necesita la señal adecuada. Para los aviones ligeros siempre ha sido un problema, pero en la aviación comercial es cada vez más grave porque las turbulencias están aumentando»

Una tarea propia de la IA

La inteligencia artificial podría ser clave para mitigar el problema. Ricardo Vinuesa, investigador en mecánica de fluidos e IA en el KTH de Estocolmo, afirma:

«El aprendizaje automático es muy bueno para encontrar patrones en volúmenes grandes de datos. La turbulencia podría ser la aplicación perfecta para la IA»

Su equipo probó un sistema que controlaba “chorros sintéticos” en un ala simulada mediante aprendizaje por refuerzo. La IA aprendió a optimizar el flujo como un niño que aprende a caminar.

Otros proyectos exploran micrófonos capaces de detectar frecuencias infrasónicas de turbulencias a 480 km o sistemas Lidar que generan mapas 3D del aire. Aunque prometedores, aún son pesados y energéticamente costosos para su uso en aviones comerciales.

¿Qué se está haciendo ahora?

Hoy los pilotos revisan informes meteorológicos, corrientes en chorro y herramientas como la Guía Gráfica de Turbulencias (GTG), creada con la ayuda de Paul Williams:

«Hace unos 20 años podíamos predecir alrededor del 60% de las turbulencias. Hoy estamos en un 75% y mi objetivo es seguir aumentando esa cifra»

Sin embargo, la falta de datos sigue siendo un obstáculo:

«Los investigadores tienen que comprar los datos de turbulencias registrados por los aviones, y no son baratos»

Programas como Turbulence Aware de la IATA recopilan y comparten información en tiempo real. Aerolíneas como Air France, EasyJet y Aer Lingus ya lo usan. Incluso existen apps como Turbli, que acercan datos antes reservados a los pilotos. Admite Williams:

«Yo uso Turbli. Me parece bastante precisa, aunque no puede ser 100% exacta. Es como un hipocondríaco buscando síntomas en Google. No siempre ayuda»

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