Donald Trump dio este viernes el pistoletazo de salida a las celebraciones por el 250 aniversario de la independencia de Estados Unidos con un discurso de marcado tono electoral en el Monte Rushmore, en Dakota del Sur. Lejos de un mensaje institucional, el presidente centró su intervención en atacar al comunismo, la inmigración y al sector más progresista del Partido Demócrata, a pocos meses de las elecciones legislativas de mitad de mandato.
Durante cerca de media hora, Trump reivindicó la figura de George Washington, Thomas Jefferson, Theodore Roosevelt y Abraham Lincoln, cuyos rostros están esculpidos en el monumento nacional, y los presentó como el ejemplo del espíritu que, a su juicio, debe recuperar Estados Unidos.
El mandatario aseguró que el país atraviesa una batalla por su identidad y acusó a los movimientos progresistas de intentar reescribir la historia nacional y cuestionar los valores sobre los que se fundó la nación. En ese contexto, calificó al comunismo como una amenaza directa para la libertad estadounidense y afirmó que esa ideología es incompatible con el patriotismo.
Uno de los ejes de su discurso volvió a ser la inmigración. Trump relacionó el auge de determinadas corrientes políticas con la llegada de inmigrantes y defendió endurecer las medidas contra la inmigración irregular. También prometió seguir impulsando políticas para reforzar el control fronterizo y aseguró que su Gobierno continuará actuando con firmeza frente a quienes entren ilegalmente en el país.
Las declaraciones llegan en un momento en el que varios candidatos identificados con el ala más progresista del Partido Demócrata han logrado importantes victorias en elecciones primarias celebradas en distintos estados. El presidente utilizó esos resultados para advertir de lo que considera un avance de ideas contrarias al modelo político y económico estadounidense.
Trump también aprovechó su intervención para criticar las corrientes que revisan el papel histórico de los padres fundadores del país, especialmente por su relación con la esclavitud. Defendió preservar una visión que, según sostuvo, fortalece la identidad nacional y rechazó las interpretaciones que presentan a Estados Unidos como una nación construida sobre la opresión.
El escenario elegido para el acto tampoco pasó desapercibido. El Monte Rushmore se levanta en las Black Hills, un territorio considerado sagrado por la nación sioux y cuya anexión por parte del Gobierno estadounidense sigue siendo motivo de controversia histórica entre las comunidades indígenas.
La intervención en Dakota del Sur abre un fin de semana cargado de actos conmemorativos por el Día de la Independencia. Trump tiene previsto cerrar las celebraciones este sábado con un nuevo discurso en el National Mall de Washington, donde miles de personas asistirán a un espectáculo de fuegos artificiales organizado por la Casa Blanca en medio de una intensa ola de calor que afecta a buena parte del este del país.