Una investigación del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS) sostiene que Rusia llevó a cabo durante un año y medio una campaña organizada de vigilancia con drones sobre instalaciones estratégicas de varios países europeos, utilizando embarcaciones de su denominada «flota fantasma» como plataforma de lanzamiento.
El estudio, basado en el análisis de 144 incidentes registrados desde finales de 2024 en más de una docena de países, concluye que el Kremlin habría dirigido operaciones de reconocimiento contra infraestructuras militares y nucleares del Reino Unido, Francia, Bélgica, Países Bajos, Alemania, Dinamarca e Irlanda, entre otros.
Según el informe, algunos de los objetivos más sensibles fueron la base aérea británica de RAF Lakenheath, donde posteriormente se desplegaron armas nucleares estadounidenses, y la base francesa de Île Longue, donde se encuentra parte del arsenal nuclear marítimo de Francia.
También se registraron sobrevuelos de drones sobre las bases de Kleine–Brogel (Bélgica) y Volkel (Países Bajos), ambas utilizadas para almacenar armamento nuclear estadounidense dentro del dispositivo de disuasión de la OTAN.
Los investigadores sostienen que estos vuelos tenían como finalidad recopilar información sobre instalaciones militares, cadenas logísticas y capacidades de respuesta de los países aliados.
El IISS apunta a que muchos de los aparatos fueron desplegados desde buques vinculados a la llamada flota fantasma rusa, utilizada habitualmente para esquivar sanciones internacionales.
Según el informe, estas embarcaciones navegaban con los sistemas de identificación desconectados y permanecían en aguas internacionales frente a las costas europeas antes de lanzar los drones.
Los analistas creen que algunos barcos actuaban como plataformas de despegue, mientras que otros servían para recuperar los aparatos o repetir la señal de control, utilizando técnicas desarrolladas por Rusia durante la guerra de Ucrania.
Entre las embarcaciones mencionadas aparecen los petroleros Seasons 1, Hav Dolphin, Boracay y Vezhen, este último investigado anteriormente por un incidente relacionado con un cable submarino en el mar Báltico.
Uno de los aspectos más preocupantes del informe es que ninguno de los drones fue derribado ni capturado por los sistemas de defensa occidentales.
El IISS considera que esta situación evidencia una debilidad de las actuales defensas aéreas de la OTAN frente a amenazas de bajo coste, baja altitud y reducido tamaño.
El investigador Charlie Edwards, autor principal del estudio, sostiene que Rusia logró importantes éxitos tácticos gracias a estas operaciones y que las fuerzas aliadas aún no están plenamente preparadas para responder a este tipo de amenazas híbridas.
Aunque la mayoría de los gobiernos europeos evitaron atribuir públicamente la autoría de los incidentes, el informe sostiene que existe un amplio consenso entre los servicios de inteligencia occidentales sobre la implicación del Kremlin.
Los investigadores apuntan al GRU, el servicio de inteligencia militar ruso, como responsable de coordinar la operación, cuyo objetivo habría sido combinar tareas de espionaje con acciones de desgaste psicológico y económico sobre los países europeos.
El estudio también señala que el número de incidentes comenzó a disminuir a partir de 2026, coincidiendo con el aumento de las inspecciones e incautaciones de buques de la flota fantasma por parte de varias marinas europeas.