Tras más de dos décadas en la élite, Saúl Craviotto habla con la serenidad de quien ya lo ha ganado casi todo. El piragüista español, el deportista olímpico más laureado del país, mira al futuro con honestidad y sin prisas. Los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028 aparecen en el horizonte, pero él los siente “más lejos que Groenlandia”. No es una renuncia, es una reflexión. Una pausa necesaria tras muchos años pagando el precio que exige la alta competición.
Craviotto lo resume con una idea clara: la motivación ayuda, pero no siempre está ahí. Lo que sostiene una carrera larga es la disciplina, ese compromiso diario que no entiende de excusas. “Hay días en los que no tienes ganas, pero entrenas igual”, admite. Y en ese “pasar por el aro” se ha construido su trayectoria, entre sacrificios, rutinas duras y momentos en los que tocó seguir adelante sin aplausos.
Para Craviotto, llegar arriba implica aceptar un peaje constante. Quien aspira a lo máximo debe estar dispuesto a pagar un precio que no siempre se ve desde fuera. “Los que están arriba lo están por algo”, insiste. No es solo talento. Es trabajo silencioso, constancia y la capacidad de cumplir cuando la motivación falla.
Esa mirada le lleva también a defender a los más jóvenes. Al hablar de Carlos Alcaraz, muy observado por su vida fuera de la pista, Craviotto pone contexto. Recuerda que él mismo fue joven, salió, se equivocó y aun así ganó medallas. El éxito, dice, no responde a un único camino. Cada deportista encuentra su equilibrio entre exigencia y disfrute, y juzgar desde fuera suele ser injusto, según Europa Press.
Con el paso del tiempo, su propia definición de éxito ha cambiado. A los 20 años buscaba reconocimiento. A los 30, resultados y estabilidad. Ahora, con 40, valora más el tiempo de calidad, la familia y dedicarse a lo que le llena. Esa evolución personal pesa tanto como el estado físico a la hora de pensar en un nuevo ciclo olímpico.
El reciente viaje a Groenlandia, plasmado en el documental La ruta del primer kayak, ha marcado un antes y un después. No fue solo una expedición. Fue un reencuentro con el origen del deporte y consigo mismo. Le ayudó a bajar el ruido externo, a conectar con la naturaleza y a recordar al Saúl de los inicios, a su familia y a los esfuerzos que hicieron posible su carrera.
Craviotto no esconde que la decisión olímpica llegará pronto. Seguirá entrenando y compitiendo. No se bajará de la piragua. Pero el nivel joven aprieta y la naturaleza, como él mismo dice, “te va poniendo en tu sitio”. La elección será íntima, sin atender a expectativas ajenas. Valiente y consciente.
Porque, al final, su legado ya está escrito. Y ahora, más que nunca, la disciplina le ha enseñado cuándo parar a pensar.