La marcha atlética ha vivido durante años en un discreto segundo plano dentro del atletismo. Sin embargo, los resultados han cambiado esa percepción. Así lo defiende María Pérez, una de las grandes referentes del deporte español. La atleta reivindica una disciplina que hoy goza de mayor respeto y deja claro que su verdadero objetivo no es hacer historia, sino mejorarse a sí misma y seguir encontrando nuevos estímulos.
Con cuatro oros mundiales y dos medallas olímpicas, Pérez insiste en que el reconocimiento no ha llegado por casualidad. Ha sido fruto del esfuerzo constante, la adaptación y la capacidad de rendir en las grandes citas. Para ella, el éxito va más allá del podio y se construye carrera a carrera.
Durante mucho tiempo, la marcha fue considerada el “patito feo del atletismo”. María Pérez no rehúye esa etiqueta, pero la contextualiza. Recuerda que, cuando llegaron los grandes campeonatos, la marcha respondió con medallas y puestos de honor. En Tokio 2020, por ejemplo, los marchadores lograron varios cuartos puestos que también reflejan alto nivel competitivo.
La atleta granadina destaca que los marchadores han sido quienes más se han adaptado a los cambios recientes. Las modificaciones en las distancias han exigido ajustes físicos y mentales constantes. El adiós al 20 y al 35 kilómetros ha marcado una etapa de transición hacia la media maratón. Aun así, Pérez asegura que la preparación apenas cambia cuando existe una base sólida.
En este proceso, subraya la importancia de su entrenador, Jacinto Garzón, a quien define como una figura clave y silenciosa del éxito. También valora el respaldo de patrocinadores como Iberdrola, fundamentales para que deportes minoritarios tengan estabilidad y visibilidad, según apunta Europa Press.
Tras un 2024 brillante y un 2025 de transición, María Pérez afronta la temporada con una mentalidad distinta. Reconoce que, después de alcanzar el mayor sueño de cualquier deportista, surge la duda de si se podrá volver a rendir al mismo nivel. En su caso, la respuesta ha sido clara: sí, y además disfrutando más del proceso.
Ahora entrena con algo más de calma, escuchando a su cuerpo y agradeciendo ese pequeño respiro tras años de exigencia extrema. No hay miedo, solo respeto por el esfuerzo acumulado y una nueva forma de entender el alto rendimiento.
El reconocimiento como Mejor Atleta Mundial fuera del estadio por World Athletics lo vive como un premio colectivo, no solo personal. Y mirando a Los Ángeles 2028, que podría ser su última cita olímpica antes de la maternidad, mantiene intacta la ambición, consciente de que las nuevas generaciones aprietan fuerte.
María Pérez no quiere ser recordada solo por sus medallas. Aspira a dejar un legado más profundo: ser ejemplo, demostrar que la marcha merece su lugar y recordar que el verdadero reto no siempre está en hacer historia, sino en superarse cada día.