La forma en que los adolescentes se relacionan con la sexualidad está cambiando, y no siempre en una dirección segura. Los últimos datos publicados por el Ministerio de Sanidad confirman una tendencia preocupante: el uso del preservativo entre jóvenes de 15 a 18 años ha disminuido de manera sostenida en las últimas dos décadas. Una caída que no solo habla de hábitos, sino también de educación, percepción del riesgo y desigualdades sociales.
El informe, basado en el Estudio HBSC-2022, analiza el comportamiento sexual de adolescentes escolarizados en España dentro de un proyecto internacional impulsado por la Organización Mundial de la Salud. Sus conclusiones muestran que, aunque la información está más disponible que nunca, la protección no siempre acompaña a la práctica.
En 2022, solo el 65,5% de los adolescentes afirmó haber utilizado preservativo en su última relación sexual completa. El dato contrasta con el 83,8% registrado en 2002, lo que supone un descenso de 18 puntos en veinte años, diez de ellos concentrados en la última edición del estudio. En la práctica, uno de cada tres jóvenes mantiene relaciones sin preservativo, una cifra que enciende las alarmas desde el punto de vista de la salud pública.
El análisis por sexo revela además una brecha creciente. Los chicos declaran un mayor uso del preservativo (70,6%) frente a las chicas (60,8%). En el caso de ellas, la caída se arrastra desde 2018, ampliando la diferencia hasta los 10 puntos porcentuales. Este dato apunta a factores que van más allá de la información básica y que tienen que ver con roles, negociación en la pareja y presión social.
También pesa la situación económica. En todas las ediciones del estudio, los adolescentes con menor capacidad adquisitiva familiar son quienes menos utilizan preservativo. Esta desigualdad, detectada con claridad desde 2010, se mantiene en el tiempo y refuerza la idea de que la salud sexual no depende solo de decisiones individuales, sino también del contexto social y educativo.
El informe de Sanidad destaca otro dato clave: el uso de métodos inseguros para prevenir embarazos e infecciones de transmisión sexual ha aumentado. En 2022, uno de cada cuatro adolescentes recurrió a prácticas poco fiables para evitar embarazos y uno de cada tres para prevenir infecciones. Entre ellas, la marcha atrás sigue teniendo un peso significativo, según Europa Press.
Aunque el uso de la píldora anticonceptiva ha crecido respecto a 2002, se ha estabilizado en los últimos años. Además, una de cada tres chicas reconoce haber utilizado alguna vez la píldora del día después, un recurso de emergencia que no debería sustituir a la prevención regular.
Ante este escenario, Sanidad insiste en reforzar una educación sexual integral, con un enfoque preventivo y comunitario. El objetivo no es solo informar, sino acompañar, reducir desigualdades y fomentar decisiones responsables. Para lograrlo, el ministerio apuesta por una respuesta compartida en la que participen centros educativos, servicios sanitarios y familias.
Porque hablar de preservativo no es solo hablar de un método anticonceptivo. Es hablar de autocuidado, corresponsabilidad y salud a largo plazo en una etapa clave del desarrollo personal.