El Parkinson sigue planteando enormes desafíos médicos y humanos. Más allá de los temblores o la rigidez, la enfermedad implica una pérdida progresiva de neuronas que afecta a la autonomía y a la calidad de vida. Durante años, los tratamientos se han centrado en aliviar síntomas. Ahora, una nueva línea de investigación propone algo distinto: evitar que las neuronas mueran cuando aún funcionan.
Investigadores del Institut de Neurociències de la Universitat Autònoma de Barcelona han demostrado que la inmunoterapia puede jugar un papel clave en este objetivo. Su trabajo aporta una explicación clara de cómo el propio sistema de defensa del cerebro contribuye al daño neuronal y cómo puede corregirse ese proceso.
El cerebro cuenta con un mecanismo de protección esencial. Las células microgliales se encargan de limpiar residuos y eliminar células dañadas. En condiciones normales, este sistema mantiene el equilibrio del tejido nervioso. Para decidir qué eliminar, la microglía utiliza los llamados receptores Fc gamma.
En el Parkinson, este equilibrio se rompe. El estudio muestra que las células defensivas se activan en exceso. Como resultado, confunden neuronas sanas con células dañadas. Esa confusión tiene consecuencias graves. Las neuronas dopaminérgicas, fundamentales para el control del movimiento, se convierten en objetivos erróneos del sistema inmune.
Cuando los receptores Fc gamma detectan estas neuronas, activan un mecanismo interno que cambia la forma de la microglía. En este proceso interviene una proteína llamada Cdc42, que permite a la célula rodear y “devorar” la neurona mediante fagocitosis. El problema es claro: el cerebro elimina células que todavía cumplen su función.
Este hallazgo ayuda a entender por qué la enfermedad avanza incluso cuando muchas neuronas aún podrían seguir activas durante más tiempo.
Los investigadores proponen una solución directa. Si se regula la actividad de los receptores Fc gamma o se bloquea la acción de la proteína Cdc42, la microglía deja de atacar neuronas funcionales. La inmunoterapia dirigida permite frenar ese proceso sin anular el sistema de defensa del cerebro.
Este enfoque no pretende curar el Parkinson de forma inmediata. Su valor está en ralentizar la progresión de la enfermedad. Proteger las neuronas dopaminérgicas durante más tiempo puede traducirse en una evolución más lenta y en una mejor respuesta a los tratamientos actuales.
El cambio de enfoque resulta especialmente relevante. En lugar de centrarse solo en las neuronas, la investigación pone el foco en el comportamiento del sistema inmune cerebral. Ajustarlo, en lugar de silenciarlo, abre nuevas posibilidades terapéuticas.
Aún serán necesarios más estudios y ensayos clínicos. Sin embargo, este avance marca un punto de inflexión. Cuidar las neuronas antes de que desaparezcan ofrece esperanza a miles de personas. En el Parkinson, ganar tiempo también es ganar calidad de vida.