Al presidente del Gobierno Pedro Sánchez le habría encantado, incluso presionó, tras los gimoteos de su catedrática de cámara y pentaimputada Begoña Gómez, que la policía hubiese detenido al showman del periodismo Vito Quiles. Pero no.
La policía, en un primer análisis de lo sucedido, no vio motivos para detenerle. Y se contuvo, pese a las presiones políticas. En la policía no se ha olvidado el calvario que le tocó vivir al comisario hoy jubilado Rodolfo Ruiz por un asunto apestado de política.
El comisario Ruiz fue condenado en 2006 por la Audiencia de Madrid por el arresto ilegal de dos militantes del PP, tras una manifestación de la Asociación Víctimas del Terrorismo (AVT). Posteriormente el Tribunal Supremo le absolvió. Dos asistentes, militantes del PP, supuestamente habían intentado agredir al entonces ministro socialista José Bono con el palo de una bandera durante la citada protesta.
El PP denunció al comisario y varios policías más por la detención ilegal de esos militantes y fueron condenados a cuatro años. El Supremo revocó la sentencia. El comisario sufrió un calvario personal y profesional. El PP lo atizó todo.
El todopoderoso Sánchez quería sangre, al ver los gimoteos de su enamorada Bego, contra Quiles, porque este la había pillado con su cámara en una cafetería con «dos charos amigas».
Moncloa salió inmediatamente al tajo, sintiendo en el cogote el aliento iracundo de Sánchez, con análisis vertiginosos a favor de la detención salidos de los pelotas oficiales, y, otros, partidarios de la denuncia, y con reticencias inciertas sobre su éxito final.
Los más bravos aireaban en Moncloa sin pudor sus rostros de ira y solidaridad con Begoña.
-No podemos normalizar esto, presidente, y ese imbécil de plumilla debe pasar por lo menos dos noches en los calabozos.
¡Ya está bien, Pedro, acaba con esto! – irrumpe la amada Begoña.
-Tú, llama a Marlaska, no podemos normalizar esto… -ordena Pedro.
Begoña es Begoña, y para ella, hija del rey del prostibulario más selecto de Madrid, no rige la mulga del Quiles. Begoña se sintió, eso debió decirle a su Pedro, vigilada y acosada.
-¿Pero qué es eso de que el niñato me pregunte si he hecho tráfico de Influencias? !Por Dios, Pedro, pon orden en este puto país…¡
Pedro ha creado un nuevo delito, preguntar en la vía pública a su esposa por la maraña de delitos que se le imputan, y de los que no ha dicho ni mu.
Un juez atribuye a Begoña Gómez, además del citado tráfico de influencias, otros tres delitos más, corrupción, falsedad, malversación…
Y Begoña no ha dicho ni pío al respecto, ni siquiera al juez. Es más, ha pasado de entregarle el pasaporte. Un caso inédito.
Piensa ella que no está obligada a dar explicaciones ni a los ciudadanos ni al juez de sus supuestos chanchullos. Y, por supuesto, mucho menos al showman Quiles.
Vito ha creado la escuela de la impertinencia. Una mezcla entre periodismo forzado, necesidad y show.
Aquí hay dos cuestiones: ¿Las formas son importantes a la hora de entrevistar a alguien? ¿Vale todo…?
Begoña le ha puesto una denuncia en una comisaría. No irá a ningún lado. Quiles no le ha hecho nada, según se ve en un vídeo del propio Quiles.
La de Quiles contra las charos, a juzgar por las imágenes que él mismo ha emitido, si puede prosperar: una de las charos le agarra por el cuello haciéndole un mataleón para que no filme a su amiga Bego, con la firmeza de la mejor palmera. Está adscrita al PSOE de Torrelodones.
Una mujer de seguro bienpagá capaz de estrangular al petulante que filme y pregunte a su benefactora, la hija de don Sabiniano y hoy primera dama.
Ya no se ve ella como la contable de las saunas gay de su progenitor. Es la amada mujer del presidente del Gobierno. Y se cree incluso catedrática.
Ha tenido suerte Quiles de que la figura del comisario Rodolfo Ruiz, muy querido entre sus compañeros, siga perenne en el recuerdo.
Fue cuando, en un tema superpolitizado, con el exministro del PSOE Bono como estrella, el comisario mandó detener a dos militantes del PP que participaban en una protesta por las víctimas de ETA.
Los vídeos acreditaron entonces que nadie pegó a Bono. Pero el PP, en la oposición, se encargó de que aquella detención, a manos de la policía de Zapatero, tuviera consecuencias. Y las tuvo, hasta que el Supremo absolvió a los agentes. Hasta ese momento, todo fue una tragedia personal para el comisario Ruiz.
Pero la presión política de sus jefes le condujo a realizar dos detenciones innecesarias. Había que contentar entonces a Bono. ¡Cuidado con las presiones de Pedro y Begoña! Luego todo el mundo se escabulle y los agentes se quedan con un lío judicial y tirados.