Retrasar de tres a cinco años la primera colonoscopia de vigilancia tras extirpar un adenoma avanzado no aumenta el riesgo de cáncer colorrectal ni de morir por esta enfermedad. Así lo confirma un estudio internacional liderado por investigadores españoles y noruegos.
El trabajo lo dirigen Rodrigo Jover, del CIBER de Enfermedades Hepáticas y Digestivas (CIBEREHD) y del Instituto de Investigación Sanitaria y Biomédica de Alicante (ISABIAL), y Michael Bretthauer, de la Universidad de Oslo (Noruega). El estudio, publicado en ‘The New England Journal of Medicine’, incluyó a 10.799 pacientes con adenomas avanzados procedentes de ocho países europeos, más de la mitad de ellos españoles.
El cáncer colorrectal es el tumor más diagnosticado en España al sumar ambos sexos, con alrededor de 44.000 casos nuevos cada año. Los programas de cribado mediante el test de sangre oculta en heces han permitido detectar la enfermedad en fases más tempranas y prevenir nuevos casos mediante la extirpación de pólipos.
Aproximadamente el 45% de las personas que se someten a una colonoscopia tras un resultado positivo en ese test presentan pólipos. Algunos de ellos, en concreto ciertos adenomas, son lesiones que pueden derivar en cáncer, lo que lleva a las guías clínicas actuales a recomendar colonoscopias de vigilancia periódicas tras su extirpación.
Esa estrategia de vigilancia supone, sin embargo, una carga considerable tanto para el sistema sanitario como para los pacientes. En España se realizan más de un millón de colonoscopias al año, y entre un 10% y un 20% corresponden a seguimientos tras la extirpación de pólipos.
Los servicios de endoscopia afrontan una demanda elevada y largas listas de espera. A ello se suma que la colonoscopia exige una preparación intestinal molesta, puede implicar pérdida de horas de trabajo y, aunque es una prueba generalmente segura, no está exenta de posibles complicaciones.
El investigador de CIBEREHD en la Asociación Instituto de Investigación Sanitaria Biogipuzkoa, Luis Bujanda, que ha participado en el estudio junto a Isabel Portillo, resume así el beneficio de espaciar estas pruebas: «La reducción de colonoscopias tendría beneficios tanto para el sistema sanitario como para los pacientes, al disminuir las listas de espera, el gasto sanitario y las complicaciones asociadas a las colonoscopias, así como el impacto sobre la actividad laboral y la calidad de vida de las personas sometidas a vigilancia».
Los resultados del ensayo ya se han trasladado a las organizaciones internacionales responsables de elaborar las guías de práctica clínica. Estas entidades han comenzado a valorar y actualizar sus recomendaciones sobre la vigilancia de los pacientes a los que se han extirpado pólipos colorrectales.