Choque de Reyes. Canción de hielo y fuego 2.
Vengo escuchando en las noticias y en los debates de los “todólogos” que ¡Hay que respetar la ley! Sobre todo, ahora que el TJUE ha dicho que la amnistía es legal. O algo así. Porque depende de quien hable la sentencia dice unas cosas u otras.
¡Por supuesto que hay que respetar la ley! Así como lo hicieron los “catalinos” con el “process”, pasándosela por el forro de los cojones. ¡Perdón! Por el escroto.
El art. 3 de la LOGP establece que: “La actividad penitenciaria se ejercerá respetando, en todo caso, la personalidad humana de los recluidos y los derechos e intereses jurídicos de los mismos”.
Así mismo el Reglamento Penitenciario en su artículo 3.3 establece que:
“Principio inspirador del cumplimiento de las penas y medidas de seguridad privativas de libertad será la consideración de que el interno es sujeto de derecho y no se halla excluido de la sociedad, sino que continúa formando parte de la misma. En consecuencia, la vida en prisión debe tomar como referencia la vida en libertad, reduciendo al máximo los efectos nocivos del internamiento, favoreciendo los vínculos sociales, la colaboración y participación de las entidades públicas y privadas y el acceso a las prestaciones públicas.”
Se supone que un preso que trabaja tiene los mismos derechos laborales y sociales que un trabajador de la calle. Estoy convencido que la mayoría de los españoles piensan como Antonio Recio, “Mayorista, no limpio pescado.” Y consideran que a un preso hay que explotarlo, que debe trabajar de sol a sol por un vaso de agua y un chusco de pan. Pero por desgracia para ellos la ley no dice eso, y la ley ¡Hay que respetarla!
Hace unos días, llegó a mis manos la Orden de la Consejera de Justicia y Derechos Humanos, por la que se aprueban las tarifas correspondientes a los encargos que se realicen a AUKERAK, agencia vasca de reinserción social, en el año 2026. Que traducido viene a ser los sueldos que se les van a abonar a los presos por su trabajo.
Los salarios fluctúan desde los 11,95 euros del encargado de cocina a los 5,26 euros de una auxiliar de limpieza o de almacén. De todas las categorías contempladas, el 80% cobran menos de 6 euros al día. Porque ese es el precio del trabajo en la cárcel, entre 11,95 y 5,26 euros al día.
Según el Real Decreto 126/2026 de 18 de febrero, el SMI se establece en 1.424,50 euros si se cobran 12 pagas. Si una persona trabaja 40 horas semanales cinco días a la semana, trabaja de media 22 días al mes. Por lo tanto, le corresponden 64,75 euros por día trabajado, o si lo prefieren 40,70 euros al día, trabaje o no.
Para que quien lea estas líneas se haga una composición de lugar, vamos a tomar por ejemplo un encargado de economato o “economatero”, como lo conocemos ahí adentro.
Se le hace firmar un contrato de 8 horas a la semana. Pero trabaja todo el día. Sólo los tiempos que abre la ventana para atender a sus compañeros ya supera ese periodo de ocho horas. Después debe estar disponible para cuando traigan los pedidos, ordenarlo todo, limpiar el economato, recargar las cámaras, etc. Los martes por la tarde, recuento. Dejarlo todo ordenado y listo para el día siguiente, miércoles para cuando le apetezca al responsable del economato central venir a contar todo el inventario.
A ello hay que sumarle que a cualquier hora del día o de la noche debe estar a las órdenes del funcionario de turno para servirle un café o lo que su ilustrísima desee tomar.
Y todo ello por el módico precio de ciento y pico euros al mes. Creo que ahora, después de varias protestas (anónimas, claro) han subido a doscientos y pico euros al mes.
Los que trabajan en los talleres de producción, que son talleres de empresas civiles pero los trabajadores contratados por el organismo competente dependiendo de la comunidad autónoma en la que esté ubicada la cárcel, cobran unos ochocientos euros trabajando diez o doce horas diarias los siete días de la semana. Puede que descansen algún día. Yo los veía entrar todos los días en los talleres de Estremera y siempre eran los mismos. Todos los días.
Y no protestes. No te quejes. No hagas un mal gesto. El trabajo en la cárcel no es un derecho. Es un premio. Un premio al pelota. Un premio al “pagafantas”. Un premio al que se humilla ante los “dones” y las “doñas” con una inclinación de medio cuerpo de 90 grados perfectos.
Me rio yo de los políticos que salen en las noticias y en los debates diciendo que hay que cumplir la ley. ¡Sí! ¡Por supuesto! Pero solo las leyes que nos interesan que se cumplan.
En la cárcel no entra ninguna ley que no sea los meros caprichos del funcionario de turno. Ninguna otra se cumple. Mucho firmar acuerdos internacionales para la defensa de los derechos de los presos. Mucho llenarse la boca de los derechos humanos y todas esas palabras altisonantes, pero vacías de contenido.
Para que se mejorara el trasporte de los presos, han tenido que entrar en prisión políticos, precisamente aquellos que eran responsables de esos traslados en Cataluña. Sería conveniente que otros muchos políticos y familiares de los mismos entraran en prisión para que mejorara algo el sistema penitenciario español. Aunque lo dudo mucho.