Ahora resulta que los que fueron madurando a Maduro con golosinas y tantos por ciento, la de las maletas y el todopoderoso ministro Diosdado Cabello, junto al presidente de la Asamblea Nacional, pueden haber sido los mismos que le hayan vendido por un plato de lentejas envenenadas, que en este caso son cincuenta millones de dólares, a deducir casi la mitad si deciden instalarse en España.
Los besos de Judas no se acabaron con el apóstol y sus treinta monedas de plata, siguen vivos en el lápiz-labio de Delcy, multiplicada en las socias de cualquier Gobierno. A la nueva presidenta interina de Venezuela le han dejado posarse un ratito más para que caliente el sillón el tiempo necesario, pero Trump está convencido que es la Dama de las Camelias y morirá de tuberculosis traicionera en alguna residencia olvidada, entre maletas que ya no tienen destino.
Aquellos que la visitaron en Barajas por orden del presidente o la telefonearon para desearle un “buen viaje”, estarán apuntados en la libretita de las venganzas hasta que otra vez se decida un nuevo quebranto sin consecuencias en los Derechos Internacionales.
Pedro Villarejo