Desconoce cualquier escrúpulo. Carece de conciencia, sin ser por eso inconsciente. En el inmenso mar de los asombros, sus mentiras ahogan a los peces. Sánchez pacta con Bildu favorecer el reconocimiento europeo de que los asesinos de ETA sean, desde ahora, un monasterio indefenso de monjas de clausura… La complicidad, señor Presidente, es un crimen que se distribuye.
La sangre no se borra sino con la justicia, que ha de ser benevolente si se sustancia el arrepentimiento. Los asesinos tienen el alma podrida, sobre todo estos de ETA, que dejaron sin vida y sin sueños a cientos de familias enteras, condenadas a mantener para siempre el luto en las entrañas. No puede haber perdón para quienes celebran los crímenes con chulería de matones y colgaron más de ochocientos mártires en el temblor de España.
No se puede consentir tanta vileza. El amor de Dios es infinito cuando el corazón se arrepiente, pero ni Él se atreve a perdonar a quien antes no se lo haya pedido. Sánchez sí, porque sus “perdones” valen el oro del tiempo y las miserias convalidadas son a cambio de las suyas… pero serán campos de sal, cenizas en la Historia.
Pedro Villarejo