Fue fácil hablar, vivir, soñar cuando todo estaba lleno de sentido. Ahora, que la destemplanza acude a la rutina como una niña huérfana, nada de lo que se nombra nos complace. Ninguna música de estas bandas sonoras nos deja estremecidos. Todos los días debieran llevarnos a Viena para que muchos aprendan a distinguir los sonidos.
Con los años encima de la espalda interior, cada vez se comprende menos la ambición humana, el color de las caras y la luz destrozada cuando algunos se quedan sin el poder cumplido. El sentido de cualquier lucha desmedida se compara a un músculo desbaratado que no pudo llegar al compromiso. Vienen las canas luego y el amor deshilachado.
Esta vida no puede quedarse en el escalofrío que queda después de tocar a diario las manos de la nieve. Otro horizonte debe existir. Reclamo un paraíso renovado, un sentido azul de eternidad, como el cielo, interminable.
…Nada debe detenerse, excepto el beso.