Contaba el anciano cura de un anónimo penitente que cada semana llegaba a su confesonario con una turbación insostenible referente a los tocamientos amorosos con su novia y los extremos hasta donde la Iglesia los permitía. Como el ansia le sobresaltaba, en una ocasión el confesor se vio obligado a recomendar al pobre desolado que cayera en la tentación, al menos una vez, y descansara para procurarse vigores en orden a su castidad de siempre.
Todos sabemos que la Constitución limita exageradamente la intervención del Rey en los asuntos de gobierno. En dos últimas ocasiones, sin embargo, ha utilizado la misma verbalización sesgada con la que disimulan, Presidente y ministros, su incompetencia y su miedo. Caiga, de vez en cuando, Majestad en lo que no debe hacer y hágalo, al menos dígalo sin servidumbres. Echo de menos a su padre cuando, en una frase corajuda que dio la vuelta al mundo señaló al presidente Chávez: ¿“Por qué no te callas?”
Me atrevo a solicitarles, tanto a los Reyes como al Presidente de la Junta de Andalucía, que no asistan al circo masónico que tienen preparado para “honrar” a las víctimas. Ellos son la deshonra.