La XIII edición de los Premios Feroz dejó una sensación poco habitual en este tipo de ceremonias: calma, orden y ausencia de controversia. En una industria acostumbrada a titulares paralelos a lo cinematográfico, la gala celebrada en Pontevedra optó por un tono correcto, casi clásico, en el que el protagonismo recayó exclusivamente en las obras premiadas. Y ahí, sin discusión, brilló con luz propia Los Domingos.
La película dirigida por Alauda Ruiz de Azúa se convirtió en la gran triunfadora de la noche al alzarse con cinco estatuillas, incluidas algunas de las categorías más relevantes. El reconocimiento a Patricia López Arnáiz y Nagore Aramburu, junto a los premios a mejor dirección y mejor película dramática, consolidan a Los Domingos como una de las propuestas más sólidas del cine español reciente.
La gala, organizada por la Asociación de Informadores Cinematográficos de España, arrancó puntual y con referencias medidas al contexto gallego y a la actualidad internacional, pero sin discursos incendiarios ni gestos grandilocuentes. Todo transcurrió bajo un guion preciso, con tiempos controlados y una clara intención: dar valor al trabajo creativo sin desviar el foco.
Más allá del éxito de Los Domingos, la noche también dejó algunas sorpresas. Producciones que partían como favoritas en muchas quinielas, como Sirat de Oliver Laxe, Romería o Pubertat, se marcharon sin los grandes premios. En el caso de Sirat, la cinta —bien posicionada de cara a los Premios Goya y los Premios Oscar— tuvo que conformarse con galardones técnicos, una decisión que muchos interpretan como un gesto de equilibrio por parte del jurado.
En el apartado interpretativo masculino, Maspalomas destacó gracias a José Ramón Soroiz y Kandido Uranga, mientras que La Cena se impuso como mejor comedia, dejando fuera a propuestas igualmente celebradas como Rondallas. Un reparto que refuerza la idea de una edición pensada para reconocer trayectorias y trabajos concretos, más que para confirmar pronósticos.
En series, el panorama fue más previsible. Yakarta, con Javier Cámara, cumplió expectativas, y Poquita fe se consolidó como una de las comedias del año. También hubo espacio para el documental con Tardes de soledad, de Albert Serra, que reafirma la presencia del cine de autor en los Feroz.
En definitiva, una gala sin estridencias que deja un mensaje claro: cuando el cine habla por sí solo, el silencio alrededor también puede ser un acierto.