Se ha corrido la voz de que a los descendientes de aquellos judíos que Dios liberó de la tiranía egipcia en busca de la Tierra Prometida, el Presidente del Gobierno español le ha ofrecido la ciudadanía. Y desde luego a cuantos, hebreos también, conservan las llaves de sus casas de aquella Córdoba hospitalaria y convivente. Cuando la invasión napoleónica, asistida por Carlos IV en manos de Godoy, muchos españoles huyeron a las Américas hacinados en las bodegas de los barcos: para sus descendientes, se ha provisto la Jefatura de Policía de pasaportes correspondientes. Todos caben en España, menos la memoria del psiquiatra Vallejo-Nájera que, como era franquista, se le han retirado las condecoraciones.
Y yo me pregunto: ¿Qué clase de leyes son éstas que cobijan tanto desamparo? Aquí puede llegar un desalmado, no dejar títere con cabeza, sin que argumento alguno pueda remediar sus vandálicas astucias, y encima proclamar que no deja el Gobierno porque sin él todo estaría perdido… Definitivamente las Leyes de la Transición dejan mucho que desear.
Si el ciprés sigue creciendo más terrible y alargada será su sombra.