Las tentaciones que sufrió Jesucristo en el desierto durante cuarenta días pueden resumirse en tres argumentarios que siguen siendo válidos en todas las épocas y singularmente ahora: Poder. Prestigio y Dinero.
Cuando estas tres realidades se acomodan en el corazón del hombre nada hay que pueda detener el extravío, entre otras cosas porque dan soluciones inmediatas a esperanzas inconcretas, aunque evangélicamente definidas. Cismático fue Lutero, Enrique VIII y anteriormente los cismas más relevantes de la cristiandad, en Oriente y Occidente, de secuelas poco vigorosas y sin embargo vigentes.
Los lefebvrianos , excomulgados ya por ser cismáticos y , (late sententiae) automáticos, los nuevos obispos ilícitamente consagrados en Ecône, no parecen tener entidad que prolongue su desobediencia. Parecidos son a los del Palmar de Troya. Su limitada proyección de poderes se mantiene gracias al dinero de grandes potencias que les interesa dividir para seguir ellas medrando a placer.
“Cuanto atareis en la tierra”… los lefebvrianos están desatados.