El Quijote nos recuerda que en Dulcinea se hacen verdaderos todos los imposibles. Defender a la esposa es tarea noble si antes se ha sabido custodiar la nobleza de la esposa. Cuando en las compañeras de camino se descubren irregularidades como las que la justicia, en sus imputaciones, ha sabido señalar en el caso de la señora “presidenta”, la respuesta nunca debe ser una acusación al que descubre sino una corrección al descubierto. Lo contrario, es decir, lo que se está llevando a cabo por el Gobierno, su Presidente y demás instrumentos desafinados, es una majadería que terminará siendo menoscabo de burlas y desprecio de aldeanos.
Si la esposa del Presidente hubiese leído a fondo La perfecta casada, de fray Luis de León, con toda seguridad habría organizado su cátedra desde las virtudes, fidelidad y dignidades de una santa mujer de Castilla, acorazada por las firmes costumbres de un desvelo amoroso. Según se desprende, sus ocupaciones la llevaron por otros derroteros en los que el camino se hace vereda y la verdad influencia.
Al final, Dulcinea no era más una Aldonza idealizada.
Pedro Villarejo