Este viernes 8 de mayo se cumple un año de la elección del cardenal estadounidense y agustino Robert Prevost como el 267 Papa de la Iglesia Católica. Tras 12 meses en la Silla de Pedro, expertos y teólogos definen su gestión por una marcada «discreción» que contrasta con la espontaneidad de su predecesor, el Papa Francisco. A pesar de este perfil bajo, Prevost ha logrado erigirse como un referente moral global, centrando sus esfuerzos en la diplomacia por la paz y devolviendo la doctrina social de la Iglesia a la primera línea de la actualidad internacional.
La clave absoluta de este primer año ha sido la palabra «paz», término que el Pontífice ha pronunciado más de 400 veces en sus intervenciones oficiales. Desde su oferta de abrir los Palacios Sagrados para negociaciones entre Rusia y Ucrania hasta sus reuniones con líderes de Israel y Palestina, León XIV ha apostado por una labor diplomática intensa y, a menudo, «entre bastidores». Esta entrega le ha llevado a pronunciar frases contundentes, como el «¡Nunca más la guerra!», o a denunciar a los señores de la guerra cuyas manos «gotean sangre».
Uno de los puntos más mediáticos de su mandato ha sido su tensa relación con el presidente de EE UU, Donald Trump. Ante las amenazas bélicas y críticas del mandatario, Prevost ha mantenido una postura de firmeza serena. Según la teóloga Cristina Inogés, el Papa «no se enfrenta directamente a Trump, sino que le responde con el Evangelio delante». Esta actitud ha quedado patente esta misma semana, cuando tras ser acusado por Trump de poner en peligro a los católicos, el Pontífice replicó con calma que su misión es, simplemente, «anunciar el Evangelio y predicar la paz».
En cuanto al estilo de gobierno, los analistas observan una «continuidad» en el fondo pero una clara «discontuidad» en las formas respecto a Bergoglio. Mientras Francisco buscaba «hacer ruido» y provocar diálogo mediante gestos rompedores, León XIV es descrito como un Papa más reflexivo y cuidadoso de la unidad eclesial. El teólogo Ángel Cordovilla destaca que, aunque es más protocolario y canonista, no lo hace por «boato o pompa», sino para dar estabilidad a su presencia pública y centrar la atención en lo esencial del mensaje religioso.
A diferencia de su predecesor, León XIV ha mostrado una disposición inmediata para viajar a España, aceptando las invitaciones de los obispos que Francisco declinó durante años. Su enfoque para esta visita busca trascender etiquetas, interesándose no solo por la situación de los migrantes, sino también por el mundo de la cultura, el deporte, el Parlamento y la realidad de los presos. Esta apertura refleja su deseo de hacerse presente en la «complejidad de la vida» de la sociedad de forma integral.
En definitiva, el primer año de Prevost deja la imagen de un Papa que ha retomado la residencia de Castel Gandolfo y que atiende a la prensa con regularidad, pero siempre desde un prisma de «paz desarmada». Su liderazgo, aunque menos mediático en lo gestual que el de Francisco, está demostrando ser profundamente político en su defensa de los derechos humanos. Como concluyen los expertos, León XIV ha demostrado que no se deja «amedrentar» por los poderes temporales, manteniendo el Evangelio como su única hoja de ruta