¿Lawfare? Que se lo pregunten al presidente de la Reserva Federal de EEUU

13 de enero de 2026
3 minutos de lectura
Donald Trump. / Fuente: Europa Press

Jerome Powell enfrenta a Trump y denuncia que le están imputando por asuntos que nada tienen que ver con los hechos sino porque el banco central estadounidense se niega a hacer lo que quiere la Casa Blanca. Trump usa la guerra judicial contra él. Eso es lawfare

El 29 de diciembre pasado, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, declaró públicamente que “podría” demandar a Jerome Powell, presidente del Banco de Reserva Federal, conocido como Fed (es el nombre del banco central norteamericano) por «manifiesta incompetencia». Nadie sospechaba qué había en la cabeza de Trump. Pero el viernes pasado, día 9 de enero, el Departamento de Justicia informó de que la Fiscalía abría una investigación contra Powell y otros funcionarios y que eran citados a declarar ante un gran jurado sobre el coste de las obras de rehabilitación de dos edificios que forman parte del complejo del banco central, con un presupuesto -2.500 millones de dólares- que Trump ha considerado excesivo.

La primera escaramuza tuvo lugar precisamente en julio pasado, cuando Trump acompañó a Powell a visitar las obras. Trump manifestó que el presupuesto había subido a 3.100 millones de dólares mientras Powell, a su lado negó que la información fuese correcta. Trump sacó de su chaqueta un papel con las cifras. Pero el presidente de la Reserva Federal no cedió.

Trump cumple sus amenazas. En Washington, la guerra de Trump contra Powell lleva desde la inauguración del nuevo mandato del primero. El mandato de Powell expira en mayo de 2026. Pero Trump no quiere esperar. Y quiere dirigir el banco central directamente a través de una persona de confianza. En rigor, el nombramiento de Powell lo hizo Trump. Fue durante su primer mandato en la Casa Blanca, en 2018. Pero Powell ya era miembro del Consejo del banco desde 2012.

Trump quiere que la Reserva Federal reduzca a un ritmo más veloz el precio del coste del dinero -los tipos de interés de corto plazo- para prevenir un bache en la demanda de consumo de los hogares en previsión de que 2026 será un año electoral -se celebran las legislativas de medio término en noviembre próximo- habida cuenta de que los sondeos le presentan en las últimas semanas como uno de los presidentes con menor índice de popularidad en el primer año de mandato -enero 2025 enero 2026- de los últimos años.

Pero lo que quizá no calculó bien Trump es que Powell saldría a hacerle frente directamente. Y menos que le acusaría personalmente de llevar adelante una guerra judicial utilizando el pretexto de las obras en la Reserva Federal. Porque, ahora, en lugar de asumir que la iniciativa es suya, Trump ha declarado a la NBC que no sabía nada sobre las acciones penales en curso.

«No tengo ni idea. Pero ciertamente, [Powell] no es muy bueno en la Fed y no es muy bueno construyendo edificios», dijo el pasado domingo. Las citaciones cursadas por el gran jurado, que suponen una investigación penal sobre Powell y otros funcionarios, pretenden que Powell no dijo la verdad en su testimonio ante el Comité Bancario del Senado de junio pasado sobre los edificios históricos actualmente en curso.

«Son pretextos»

En una declaración oficial, desde la Reserva Federal, Powell fue directo al grano: «Tengo un profundo respeto por el Estado de derecho y por la responsabilidad en nuestra democracia. Nadie, ciertamente no el presidente de la Reserva Federal, está por encima de la ley. Esta nueva amenaza no va e mi testimonio de junio ni de la renovación de los edificios. No va de la supervisión de la Reserva Federal por el Congreso. Esos son pretextos. La amenaza de acciones penales es consecuencia de que la Reserva Federal establezca tipos de interés basados en nuestra mejor evaluación de lo que servirá al público, en lugar de seguir las preferencias del presidente [Trump]».

El enfrentamiento es frontal. Da la impresión de que ante la exhibición de su borrachera de poder (ataque a Venezuela y secuestro del presidente el 3 de enero, amenazas de intervenciones en Groenlandia, Irán, Cuba y Colombia), Trump ha optado por adelantar cuatro meses el relevo y, sobre, todo a través de una guerra judicial. Otra posible interpretación es que Trump no solo quiere acabar con Powell como presidente, sino que busca abortar la posibilidad de que tras dejar la presidencia siga en el consejo, derecho que le asiste, hasta 2028.

Dentro del Partido Republicano ya han surgido las voces que, sin simpatizar con Powell, han criticado a Trump por precipitar la operación. Trump ha utilizado el Departamento de Justicia -tal como prometió en su campaña electoral- para ajustar cuentas con los que llama sus enemigos. Intentó hacerlo, aunque sin éxito, con una demanda contra James Comey, exdirector de la policía, el FBI; lo logró con la renuncia de la fiscal general de Nueva York, Letitia James, y también contra Lisa Cook, economista del consejo de Fed, cuyo caso está por ser visto en el Tribunal Supremo. Nuevamente, ‘lawfare’.

¡Es la economía, estúpido!

La economía, como es norma, está en el centro de las preocupaciones de los estadounidenses con la obsesión por la llamada ‘affordability’, el concepto que impulsó la victoria de Zohran Mamdani en la alcaldía de Nueva York. Es decir: la falta de un coste de vida asequible, la falta de vivienda asequible. En roman paladino: la economía norteamericana crece, pero nadie, excepto los más ricos, no se enteran de ello. Se esperan para este martes 13 de enero datos sobre la inflación, circunstancia que llevará a Trump a pronunciar discursos sobre las fábricas y el comercio en Detroit, Michigan.

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