Un día de octubre de 2013, uno de los expertos técnicos en ‘hackeo’ y otras actividades de carácter tecnológico de la Unidad Central de Apoyo Operativo (UCAO) está en un curso de formación. El comisario principal, jefe de la UCAO, lo manda a buscar urgentemente. Se trata de ‘El Gordo’ o ‘Big’, motes que la nomenclatura de la banda Kitchen otorga a Enrique García-Castaño. El policía Emiliano Burdiel, jefe directo de Antonio Culebras, le recoge y por el camino le explica que García-Castaño necesita una extracción y que se van a reunir con él y con su “confidente, colaborador o fuente”. En la jerga es clonar dispositivos, quitarle los datos. Mientras piden que se les envíen ordenadores van camino de una cafetería de la cadena Vips, en la madrileña calle de Velázquez.
Y, según el relato, este jueves 16 de abril en el juicio, tanto de los testigos, Culebras primero, y Burdiel más tarde, ambos llegan y con sus dispositivos se instalan en una zona con enchufes. Y en eso aparece el todopoderoso comisario principal García-Castaño.
Si Jordi Pujol, el expresident, se preguntó un día ¿la UDEF? ¿Qué coño es la UDEF?, es decir, la Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal, tras enterarse de un informe apócrifo o más bien, una invención creativa del comisario José Manuel Villarejo, para criminalizar a Pujol y Artur Más en las elecciones autonómicas catalanas de noviembre de 2012 -iniciativa apoyada por el entonces jefe de gabinete del ministro Jorge Fernández Díaz, es decir Francisco Martínez, o ‘Chisco’, en Kitchen-, cabe hacerse, y quizá con más razón, la misma pregunta en el caso de la UCAO.
Los jueces, y especialmente los de la Audiencia Nacional saben muy bien lo que es. Se encarga de seguimientos, captación de fuentes de información y apoyo tecnológico a investigaciones complejas, especialmente en la lucha antiterrorista y el crimen organizado.
Y, en especial ‘El Gordo’ o ‘Big’, al corriente de los últimos artilugios técnicos para espiar, se hacía querer por no pocos magistrados, ya desde los años noventa del siglo pasado. Porque no ponía obstáculos a lo que se le pedía, aunque no fuese, precisamente, muy cristiano. Siempre estaba ahí para echar una mano.
Pues este día de octubre aquí lo tenemos en el Vips. Entran ‘El Gordo’ y el chófer de Luis Bárcenas, Sergio Ríos, que no es policía en ese momento, y que ha sido captado por la banda -2.000 euros de paga al mes con fondos reservados- se sientan y Ríos saca un teléfono y una tableta -de Bárcenas, que está en la cárcel de Soto del Real-, se lo pasan a Burdiel y éste a Culebras, algo apartado en otra mesa con los cacharros con que hará la extracción.
Según narraron Culebras y Burdiel, en algo más de una hora se han clonado. Representan el equivalente de 1.000 páginas. Está todo: agendas, fotos, ‘whatsapps’, documentos.
Como otros colegas de UCAO que este jueves 16 de abril testificaron sobre los seguimientos a Rosalía Iglesias, esposa de Bárcenas, y otros miembros de la familia, Culebras y Burdiel creen que se está buscando la fortuna de Bárcenas, que, por cierto, ya ha sido descubierta por las autoridades suizas en diciembre y enero de 2012 y 2013 en la comisión rogatoria solicitada por la Sala Segunda del Tribunal Supremo. Llegaron esos fondos amasados por Bárcenas a través de décadas de mordidas hasta 48,2 millones de euros, recortada a 22 millones por la crisis de las bolsas de 2007/2008/2012.
Pero ahora, ‘El Gordo’ les ha hecho creer a los agentes que está buscando esos fondos, cuando lo que indaga, en realidad, es el material que puede tener Bárcenas contra Rajoy.
Fue una pregunta casi ingenua, simple, pero letal, que hizo la abogada del Estado Zaida Isabel Fernández, a Adriano Culebras, la que subrayó la importancia del relato de la “extracción”.
-¿Que extracción de este tipo ha realizado
-Muchísimas.
-Cuando provienen de colaboradores o confidentes?
– Sí, también.
-¿Quién suele acompañar en esas otras ocasiones a un colaborador o a un confidente para entregar un dispositivo y volcarlo o que lo haya acompañado un comisario principal?
-No. No se me dieron más casos. O sea, no he tratado con otro confidente o fuente de un comisario principal, no.