La SEE ha alertado de que las mujeres migrantes temporeras agrícolas sufren más violencia y acoso que sus compañeros varones. También denuncia que cuentan con menos libertad de movimiento y peores equipos de protección.
El Grupo de Trabajo de Género, Diversidad Afectivo-Sexual y Salud de la SEE elaboró el estudio junto al Grupo de Determinantes Sociales de la Salud. Compararon las desigualdades entre hombres y mujeres migrantes que trabajan temporalmente en el campo.
El análisis reconoce que ambos sexos comparten precariedad laboral y social. Sin embargo, señala que las mujeres temporeras contratadas en origen asumen una carga desproporcionada de riesgos específicos.
Entre esos riesgos figuran la segregación de tareas, la dependencia del empleador, las barreras sanitarias, la violencia y el acoso, y las dificultades para ejercer derechos fundamentales.
Las mujeres temporeras se concentran principalmente en labores de recolección y manipulado. Los hombres, en cambio, predominan en tareas de carga, poda, conducción de maquinaria, aceituna o vendimia.
Esta división también marca los riesgos laborales. Ellas están más expuestas a tareas repetitivas, posturas forzadas y equipos de protección mal adaptados, además de riesgos específicos durante el embarazo y la lactancia.
En los hombres predominan los accidentes traumáticos, la sobrecarga física intensa y los riesgos ligados a la maquinaria o el transporte.
El estudio identifica la vivienda como uno de los principales factores de vulnerabilidad para las mujeres. El alojamiento suele estar vinculado al empleador, lo que aumenta la dependencia y el control social.
Esa dependencia puede favorecer situaciones de acoso o violencia sexual. Aunque existe obligación legal de contar con protocolos de prevención, su aplicación sigue siendo insuficiente, según la SEE.
La sociedad científica advierte además de que crece la presencia de temporeras en asentamientos informales y viviendas precarias. Los hombres, por su parte, se concentran más en asentamientos y albergues, con problemas de agua, saneamiento y seguridad.
El informe detecta obstáculos específicos para que las mujeres accedan a la atención sanitaria, sobre todo en salud sexual y reproductiva, ginecología, anticoncepción y seguimiento del embarazo.
Entre las causas figuran los problemas de idioma, la falta de mediación cultural y la ausencia de intimidad en entornos controlados por los empleadores.
En los hombres, los obstáculos son más de tipo administrativo: falta de documentación, dificultades para empadronarse o miedo a denunciar problemas de salud física o mental por posibles represalias.
El documento también analiza las prácticas de selección en la contratación en origen. Algunas empresas priorizan a mujeres con hijos menores y determinado estado civil para garantizar que regresen a su país.
La SEE advierte de que estas prácticas pueden suponer discriminación directa e indirecta por sexo y situación familiar. Recuerda que la migración circular no legitima la discriminación por maternidad.
La sociedad científica reclama reforzar la atención sanitaria con equipos móviles y Puntos de Salud Temporera. Propone mediación intercultural, atención en salud sexual y reproductiva y apoyo psicológico.
También pide facilitar el empadronamiento, garantizar la vacunación y mejorar la protección frente al calor extremo y los pesticidas. En prevención laboral, plantea evaluaciones de riesgo diferenciadas por tarea y sexo, equipos adaptados y formación con perspectiva de género.
La SEE reclama además protocolos antiacoso efectivos y canales de denuncia protegidos frente a represalias. En vivienda, propone desvincular el alojamiento del contrato de trabajo y garantizar transporte seguro entre las fincas y los alojamientos.
La sociedad científica considera imprescindible mejorar el registro de datos desagregados por sexo, edad y nacionalidad en salud, empleo y violencias. También plantea incorporar auditorías sociales.
Recuerda que las administraciones sanitarias, laborales, migratorias y de igualdad ya cuentan con herramientas legales para actuar. El reto, según la SEE, está en garantizar su cumplimiento con recursos, inspección y coordinación.