Las raíces, la cultura y el apego a nuestra gente

19 de septiembre de 2026
6 minutos de lectura

El mar es el fiel reflejo plateado, con azules y verdes brillantes, que, con su embrujo y seducción, condujo a hombres, muchos de ellos de tierras de secano, a cruzarlo

Las raíces, la cultura y el apego a nuestra gente, además del amor al lugar donde naciste, a esa tierra donde te criaste, a esa tierra que te enseñó a formarte.

Hoy a muchos les sonará antiguo, pero si pasas de largo, llegará el día en que necesitarás reencontrarte con ese lugar donde te criaste, tengas la formación que tengas y el lugar que ocupes en la sociedad.

Para poder recobrar nuestro sentimiento hispánico, es muy necesario atender a la formación cultural, que hoy no está precisamente en su mejor momento.

En otros tiempos, en aquella España católica, en las escuelas y colegios, a la vez que te enseñaban a leer, nos inculcaban la idea de Dios, siempre unida a la idea de la Hispanidad, bien explicada junto a la geografía de América, basada en las enseñanzas católicas.

También la importancia de ese mar que ha sido el marco que envuelve nuestra península, con la forma bien definida de una piel de toro, como ibérica que es.

Esta reflexión, tan deseada hace muchas décadas, apuntillaba sobre la importancia de ese mar que tanto nos da y que hoy estamos contaminando con nuestras basuras y plásticos.

«Que la estela de la espuma no se haya borrado del haz inconstante de las aguas, cuando otro buque venga a separarlas de nuevo con su quilla».

Cuánto han cambiado las expectativas de los españoles de hoy.

El mar es el fiel reflejo plateado, con azules y verdes brillantes, que, con su embrujo y seducción, condujo a hombres, muchos de ellos de tierras de secano, a cruzarlo.

Querían descubrir si existían otras tierras, igual que los pescadores familiarizados con el mar desde siempre, algunos con hambre de nacimiento y heredada pobreza en sus casas.

Trabajando tierras de otros para llevar a sus casas el sustento.

Fue por necesidad, por aventura o por saber si era verdad que el horizonte continuaba más allá de la vista. Los que fueron y lo consiguieron, esos hombres, después de muchos años, con su último aliento de vida, añoraron aquellos paraísos donde, en el mar, con su infinita extensión, se reflejaba el azul del cielo.

Hoy intentan desvalorizar todo lo logrado con sangre y sacrificio. Esos hombres lo hacían, además, por obediencia a la Corona. Fue su tiempo y les tocó vivir su vida como pudieron, supieron o se vieron obligados a vivirla, de ese modo.

Era su época, eran españoles con deseos de aventura y su afán era descubrir lugares que nadie del mundo de donde venían podría jamás conocer.

Hoy, poco a poco, en este siglo XXI, intentan borrar nuestra identidad, al ser incapaces de visualizar épocas y conocimientos muy anteriores a nuestra existencia.

Nuestros coetáneos, por desgracia, se paran poco a analizar y visualizar los tiempos para entenderlos.

La cultura, con mayúscula, es fundamental para saber de dónde venimos y dónde queremos llegar.

Si naciste en España, debes saber por tus mayores —pues hoy los libros de historia, algunos, no se ajustan a la verdad— que en España tenemos ejemplos de valentía y orgullo, siempre por los hombres y mujeres que son y se sienten españoles.

Los que no se sienten así jamás moverán un dedo por salvarla del enemigo; a ellos no les mueve ningún sentimiento.

¿Sabéis las coplillas que aparecían por los pueblos invadidos por los franceses, a principios del siglo XIX?

Pues os las recuerdo:

«Escucha, Napoleón,
si como fiel aliado,
tus tropas has enviado,
hallarás en la nación
amistad y buena unión.
Si otro objeto te guió,
humano no se rindió;
numantinos hallarás.
En España reinarás,
pero sobre los españoles, no».

Todos eran valientes y su ejemplo, a través de los siglos, fue el hecho que ocurrió en Numancia, con los numantinos.

Era una ciudad celtíbera en la provincia de Soria, en el Cerro de la Muela. Fue famosa por resistir durante dos décadas el avance de la República Romana.

Los numantinos se convirtieron en un símbolo histórico de resistencia, valor y libertad frente a una superpotencia militar.

Los romanos les sometieron a toda clase de ataques y lo último fue aislar la ciudad, mandados por Escipión.

Construyeron una gran muralla con torres y fosos y bloquearon el río Duero para cortar toda ayuda.

Así pasaron casi un año; el hambre y las enfermedades les fueron matando.

Ante la inminente derrota, antes de ser esclavos de Roma, la mayoría de ellos optaron por el suicidio colectivo y la destrucción de la ciudad.

Esto ocurrió en el verano del año 133 a. C.

Perduraron y continúan siendo un ejemplo de suprema rebeldía, valor y amor a su tierra.

Esas son nuestras raíces. Venimos del apego a nuestros pueblos y ciudades y todo por el orgullo de ser españoles.

Amamos nuestra tierra, que es España.

No es muy lógico vivir en España y convertirte en su enemigo.

Donde te pagan para defenderla y donde la unidad de España debe prevalecer sobre ti mismo, antes que la seguridad de los españoles y la defensa del país. Para eso admitiste ese puesto, que ocupas y debes honrar y luchar por él, o quedarás muy mal para poder aparecer en la historia con decencia…

No todo es el dinero, el poder, los vicios y esas ridículas poses tan estudiadas en tus amadas fotografías.

Alguien que se ama tanto nunca cuidará de nadie, solo de sí mismo, y lo estamos sufriendo.

El olvido por el destierro, la dimisión o la expulsión son terribles para cualquier ser humano, pero si es para alguien que ha pretendido gobernar con imposiciones, el castigo es aún más duro.

Pedir perdón por tus fracasados sueños de grandeza, que arrastraron a la perdición de esas dos ciudades fronterizas, a costa de sus propios habitantes, a quienes robaste su forma de vivir por tu miserable cobardía, y a esos niños que dejaste sin sus mayores ilusiones, como eran sus vacaciones y su comienzo de colegio, sus paseos, sus parques y esos paseos con sus madres.

Antes de ser Presidente de un país, debes primero tener humanidad, amar a la nación que vas a representar y ser primero humilde y no prepotente.

Hoy el sentimiento de muchísimos ciudadanos es que nos representa el enemigo, no quien juró lealtad y respeto a la Carta Magna, hoy rota en mil pedazos por los actos contrarios a lo que en ella se nos otorgaba: seguridad, defensa de España y ser todos iguales ante la ley.

Los ciudadanos observamos atónitos lo que pretendéis hacer de esta España que es nuestra, por la heredad de todos nuestros mayores, que lucharon por ella desde su creación.

Cuando el deshonor, la putrefacción y la maldad definen al provocador iluminado, y sus fieles lo arropan, todas sus estudiadas mentiras les han pillado con el paso cambiado; han quedado como lo que de verdad son… Y todos tenemos en mente la definición que llevan en la frente.

Cuando una situación tan terrible como una invasión en el país que diriges y no sabes revertirla se produce, lo único que le queda a ese gobierno fallido es que todos, todos, todos dimitan. Están contaminados en enredos y mentiras que les están marcando.

Lo más digno, «si supieran lo que significa dignidad», sería ir a las elecciones más vigiladas de la historia de la democracia.

Harían falta revisores de toda Europa por la importancia de «ser o no ser los amos de las llaves» de la frontera más importante de entrada a los países libres.

Las dictaduras se dan a conocer por los actos de autoexiliarse de sus gentes.

¡Queremos de nuevo una España libre de opresores!

Fuera los chantajes, propios de esos mafiosos indecentes.

También queda la posición de los chantajeados con «agallas». ¡Valentía! Pues lo que pensamos que ocultáis es imposible definir, por estar incluida hasta la traición.

Destrozar al opresor y lo desnudaréis ante el mundo, mostrando sus malvados y sucios argumentos.

Ganaréis más diciendo la verdad, de cara a vuestro futuro. Si persistís en vuestras mentiras, el señor del «Estadio más grande del mundo» os dará como regalo la puntilla, mostrando esa oculta verdad al mundo. ¡Os veréis traicionados!

Es como un sueño de terror en el siglo XXI.

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