Las horas clavadas

3 de marzo de 2025
1 minuto de lectura
Las horas clavadas.

Con una dulce señora que vive todavía coincidí en un viaje programado de esos que, a la hora de la tertulia o el descanso, acuden intimidades y confidencias. Era culta, entretenida y preguntona. A cada rato me pedía la hora. Salíamos de un museo: ¿”Qué hora es”?… Y así los dos primeros días. Al tercero me atreví:

-¿Por qué no usa reloj?

-Cuando pequeña estuve ingresada meses en un hospital donde sólo escuchaba: a tal persona le quedan dos horas o, aquella otra, de las doce no pasa… Y pensé en las horas que se clavan en los relojes de la memoria.

-Sin embargo, es en el corazón donde se acaba el tiempo, no en la muñeca…, le dije. Y se compró un reloj de mercadillo que, al menos, le duró todo el viaje.

pedrouve

1 Comment Responder

  1. El relato me evoca que cada tiempo ( momento) es personal y único para cada persona. Creo recordar que en la época medieval los nobles poseían un ejemplar original manuscrito sobre «El libro de las horas».

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