Se ofreció para acompañar en su enfermedad y en su impotencia a la señora de ochenta años impedida. Venía de otro País, sin documentos y con esperanzas algún día de conseguirlos; mientras tanto, tenía que trabajar en negro y cobrar con las mismas oscuridades. Al poco tiempo, la familia quiso darle de alta en la seguridad social, pero ella se negó por motivos económicos.
Dos años y la anciana murió quedando desasistida la enfermera que cobraba de la familia mil trescientos euros mensuales, más la comida que ella elegía a su disposición en las alacenas de la casa.
Naturalmente ya no tenían razón de ser sus servicios y, en pago al beneficio recibido y que a su vez prestó, denuncia a los herederos exigiéndole una indemnización de cuarenta mil euros, asistida por abogados que posibilitaron un acuerdo antes que llegar a juicio. Sólo pudo rebajarse la reclamación a 30.000 euros y la hermana de la difunta tuvo que hipotecar su casa para cumplir con la extranjera que, al fin, consiguió ”sus papeles” gracias a ellos.
…No todos los que viene traen buenas intenciones.
Pedro Villarejo