Estas fueron las palabras de despedida que la Presidenta de la Comunidad dirigió a Su Santidad León XIV en su visita al Vaticano. Impecablemente vestida de negro, algo sosa en expresiones y palabras, quizá porque sobrecoge la presencia de un papa que te escucha: tampoco a él se le vio conmovido. Este Pontífice, más que gestos reveladores, tiene intensidades. Cada uno lleva su condición, sus formas diferenciadas, pero los creyentes sabemos muy bien que el Espíritu Santo suscita en la Iglesia, para todos los tiempos y necesidades, la Cabeza mejor asistida.
Una amiga poco reverente con la cristiandad me confesó en una ocasión que cambió abruptamente para bien su estado de ánimo cuando coincidió casualmente en la Plaza de San Pedro con el papa Francisco, que desde su conche bendecía. Más que un rictus psicológico, la inteligencia y el corazón humanos descubren en la presencia del Vicario de Cristo una luz diferente salida de un mirar profundo.
Será extraordinariamente bienvenido a Espala S.S. León XIV. Seamos permeables con sus enseñanzas para que, desde su ejemplo, mejoren nuestras actitudes.