La súplica de un ladrón al ‘héroe anónimo’ que lo inmovilizó tras robarle el móvil a una chica: «¡Que yo me dedico a esto, déjame ir!…»

13 de febrero de 2025
2 minutos de lectura
Móviles robados
Imagen policial de móviles procedentes de robos. / EP

Un empleado de discoteca alcanzó a la carrera al atracador, lo tiró al suelo, le quitó la capucha y lo entregó a la policía

Luis J. L. Z., sevillano de 34 años, es un héroe anónimo, de esos que no salen en los periódicos pero que es capaz de arriesgar su integridad física para deshacer un mal. Y más si ve a una joven corriendo y llorando detrás de sus ladrones sin que los demás transeúntes se metieran en problemas.

Fue el pasado lunes, hacia las 7.00 de la mañana, cuando Luis salía de su trabajo en una discoteca madrileña e iba a subirse a su coche para volver a casa.

Observó a una chica de 19 años, madrileña, que corría llorando acera abajo detrás de dos individuos de aspecto hispanoamericano, de unos 25 años ambos. “Ayudadme, por favor, me ha robado, ayudadme”, gritaba la chica con todas sus fuerzas.

Momentos antes, en el metro Puerta de Toledo, de Madrid, los dos individuos, vestidos de negro, y con una braga que les tapaba parcialmente el rostro, se acercaron a ella y uno le dijo: «Dame el móvil rápido, dame tu teléfono, rápido”. La chica portaba un Iphone 16 pro max, valorado en 1.200 euros.

«Dame el teléfono, rápido»

La joven, Ashley P. V., se negó. Se lo arrancaron de la manos y huyeron calle abajo. La víctima les persiguió. Lloraba y gritaba ayuda. Había transeúntes, pero solo miraron la escena, violenta, dos jóvenes corpulentos sudamericanos corriendo y la chica detrás gritando.

Luis se disponía a subir a su coche, en el paseo de los Álamos, cerca de la calle Acacias, distrito de Arganzuela. Trabajando toda la noche.

No se lo pensó dos veces, adelantó a la chica en la carrera, vio cómo los delincuentes se separaban y cada uno huía por su lado, y se fue hacia el que llevaba el teléfono, señalado por la víctima.

Le ganó la carrera, le cogió de la braga que semiocultaba su rostro por detrás y lo tiró al suelo. Y puso sus rodillas sobre su espalda.

Jefferson, que así se llamaba el delincuente, le suplicó entonces a Luis. “Es mi trabajo, déjame, que yo me dedico a esto…”.  A Luis le dio igual. En ese momento la policía se acercaba. A Luis se le había unido un colega de la discoteca, Joufianne, marroquí, y entre los dos sujetaban a Jefferson boca abajo.

“Me ha dicho que lo dejara ir, que él se dedica a esto”, contó Luis a los agentes. Quedó detenido.

La víctima describió al ladrón huido como una persona de 25 años, pelo negro y de aspecto hispanoamericano.

Sin querer, el héroe Luis le ha hecho un favor a Jefferson. Lo suyo, según fuentes jurídicas, fue un delito de robo con fuerza en las cosas, con violencia, que puede aparejar cárcel provisional.

Pero la intervención de Luis, al recuperar el móvil para Ashely, dejó el asunto en un robo con violencia, pero intentado. Al delincuente tuvo que llevarlo la policía a un centro médico porque se lesionó tras ser zarandeo por el héroe.

Su valentía impidió que Jefferson consumara el delito de robo con violencia. Y no irá a la cárcel, de momento. Y Luis, que el lunes arriesgó su vida ante los adolescentes llantos que perseguía a unos ladrones, seguirá en el anonimato.

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