Cuando nos roban lo mejor que existe en este mundo, la dulce inocencia de nuestros niños, destrozando sus vidas, incluso desde que son bebés, ¿qué podemos esperar como castigo para esos despreciables desalmados?
¿Cómo pueden existir semejantes desnaturalizados canallas? Si son capaces de atentar contra sus propios hijos, serán capaces de hacer realidad sus miserables y aberrantes deseos, llevándolos a cabo contra cualquier otro niño al que puedan tener libre acceso.
Esos terribles actos contra natura matan lo más bonito, dulce y hermoso de la creación, que son los niños, nuestros hermosos ruiseñores. Escándalo, dolor, angustia y miedo ante semejantes salvajes, lobos hambrientos que padecen un enfermizo placer incontrolable.
Matan la dulzura, la verdad y la inocencia de nuestros niños, y nos convierten a todos en culpables, al ser unos falsos guardianes que dejamos expuestos a esos ángeles a la maldad, dureza y falta de amor y piedad de semejantes seres depravados, que pululan libres entre nosotros porque las nuevas leyes así lo permiten hoy en día.
Esas laxas leyes, que les permiten salir de las cárceles, donde muchos de ellos son capaces de crear sus fantasías perversas para llevarlas a cabo cuando salen.
Deben existir castigos ejemplares contra esos malditos y cobardes “bichos” que se valen de seres débiles e inocentes para satisfacer sus perversas pasiones.
Calificarlos con exactitud es muy difícil. Es demasiado terrible que existan seres así, pero existen y, cuando actúan, no tienen piedad con sus víctimas.
Esos que, a pesar de ser unos canallas en potencia, se convierten en padres, pero son unos terribles verdugos deshumanizados y carentes de cualquier sentimiento que nos hace ser y vivir como seres humanos.
Seres así no deberían vivir libremente. Representan un grave peligro. Son auténticos depredadores, con su falta de conciencia y carentes de cualquier sentimiento humano.
Noticias terribles, en las que son protagonistas niños, son tan dañinas para cualquiera que tenga sensibilidad que te hacen plantearte si estamos siendo leales a nosotros mismos primero, para poder guardar respeto y lealtad a los demás.
Todos somos víctimas en potencia de todos los que carecen de ese freno moral, al que no tuvieron acceso y que tampoco buscaron, al carecer de esa conciencia que nos enseña a saber distinguir lo bueno de lo malo.
Nuestro futuro está en peligro por esos despreciables seres que son capaces de cometer los más aberrantes actos contra los más débiles. Son seres a los que sus perversas mentes les llevan a convertirse en desalmados asesinos inmorales y a ponerse en acción.
Tienen enquistado el mal y lo arrastran en sus miserables vidas, al no haberse querido ni respetado primero a ellos mismos, para saber y poder respetar a los demás.
Dios nos libre de tener cerca de nuestros niños y de todos nosotros semejantes dañinos depredadores.
Existen leyes para impartir castigos y jueces que juraron cumplirlas con justicia, pero fueron cambiadas en casos sangrantes, reduciendo condenas a peligrosos convictos.
Y las abanderadas de la renovación fueron un grupo insensible de mujeres que no sopesó el resultado al que nos someterían a todos con la aprobación de esas leyes que ellas aplaudieron.
Es necesario, por seguridad para todos los ciudadanos, cambiarlas y que los castigos sean ejecutados según los delitos cometidos a conciencia.
Cuidad a vuestros niños. Son débiles e inocentes y no se percatan de los peligros que les acechan desde que les abrieron las jaulas a esos despreciables depredadores.
Para los padres, son los mejores embajadores de nuestras vidas, con el sagrado deber de cuidarlos y educarlos, además de llenarlos de amor y enseñarles a respetar a todos, por habérselo inculcado desde su nacimiento.
Cuando puedan volar y dejen el nido vacío, seguirán siendo nuestra luz, estén donde estén.
¡Son nuestro mayor tesoro!
Cuidemos a nuestros niños y a los de los demás. Son nuestro futuro y lo queremos sin fisuras en sus conductas, para que sepan acometer con verdad los problemas que se les presenten en sus vidas.