Las groserías que soltaron dos guardias civiles a una compañera en un servicio nocturno: “¿Te la imaginas, azotándola…?”

10 de mayo de 2023
5 minutos de lectura
Guardias Civiles
Dos agentes de la Guardia Civil, ajenos a estos hechos, durante un servicio. / EP

Los tres agentes, sonriendo ellos, y muy enfadada ella, iban dentro del coche oficial: “¿Sabes que llevas las ventanas abiertas para que los pezones se te pongan duros y poder vértelos, no?”, empezó uno

Las repugnantes palabras que rociaron dos guardia civiles sobre su compañera durante la guardia que los tres realizaron el pasado 5 de abril de 2022 en el municipio valenciano de Oliva no les ha salido gratis. Han sido suspendidos de empleo y sueldo durante tres meses por el Ministerio del Interior como medida cautelar, y los jueces, ahora acaba de hacerlo la Sala de lo Militar del Tribunal Supremo, han refrendado la sanción. Los hechos han sido calificados de muy graves.

El refrendo del Supremo a la sanción se dirige solo a uno de los guardias, Cristián V., aunque son dos los guardias implicados. Ello obedece a que cada uno de ellos ha interpuesto por separado su propio recurso contra la sanción. Pero los hechos son equiparables y atañen a ambos. Y juntos iban en el coche junto con la víctima de copiloto la noche del 2 al 3 de abril del año pasado, durante una guardia nocturna. Los tres iban subidos en un vehículo oficial haciendo el recorrido habitual por la demarcación de Oliva, en Valencia. Terminaban el servicio a las seis de la madrugada.

Así contó la víctima a sus superiores lo ocurrido (sus iniciales son M. B. M.):

“Me encontraba realizando el servicio de prevención con Cristián y con Al [en la sentencia se omite el nombre de este último porque su caso será analizado por separado en otra resolución]. Al comienzo del servicio acudimos, junto con la otra patrulla de la noche, compuesta por F. G. C. y F. M., al bar Frateli, de Oliva, a tomar un café. Durante el camino hacia el bar”, señala la víctima, “comenzaron a hacer lo que ellos, Cristián y Al., califican de broma”. Estas eran las bromas:

-No te preocupes, pues si esta noche hay alguna pelea, Al te protege los pechos, no te pasará nada -soltó Cristian.

-Sí, sí, yo te los agarro, desde detrás y nadie se acerca, hazme caso -asintió Al [primera letra de su nombre real].

La agente cuenta que trató de no darle importancia a los groseros comentarios. Confiaba en que se cansarían y dejarían de hablar así. Aún así replicó: “Eso no va suceder, nadie me va tocar nada, ni vosotros ni la gente en la calle”.

Detalla M. B. M. en la denuncia que interpuso inicialmente ante sus superiores que, “a la llegada al restaurante”, ellos siguieron con el mismo tono. Se unieron al café los otros dos guardias, pero continuaron con las groserías. “Comenzaron a proferir una serie de comentarios sobre el género femenino (…) con muy poco respeto”.

Estas fueron las frases que dijeron dentro de la cafetería. Así lo describe la víctima: “El guardia Al, refiriéndose a la mujer de otro compañero del cuartel, y delante de los dos miembros de la otra patrulla que habían ido también al bar”, relató: ‘Estábamos en un bar una noche y se me empezó a insinuar, era superguarra, me pasaba el culo por la polla, bailando, así que delante de todos me la lleve al baño y la muy cerda me la comió y luego le metí los dedos”. La víctima subraya que todos esos comentarios lo realizó, además, gesticulando con manos y boca.

“Por favor, dejad esos temas hirientes”

M. B. M. añade en su denuncia que empezó a hartarse de los relatos “y les pedí por favor, y ya era la tercera vez que lo hacía, que dejaran de hacer ese tipo de comentarios hirientes, que no era necesario dar tantos datos”. Pero Cristián la interrumpió: “Tu tranquila, que Al. te protege de todo esta noche, y te vas a dejar tocar los pechos para que todo vaya bien”. Su compañero Al. asintió: “sí, hemos quedado en eso”.

La víctima relata también que pronto se dio cuenta de que no tenían intención de detenerse, por lo que, cuando ya iban a pagar la consumiciones, se acercó a Cristián y le comento, en voz baja: “Por favor, deja de azuzarme a Al., ya que poco necesita él solo para venirse arriba, ¡cómo para que tú lo animes más…! Cristián sonrió y le dijo: “Que nooo, mujer”

Los otros dos agentes que les acompañaban en el bar no dijeron nada malo, aclara la víctima. “Más bien parecían avergonzados”.

Una vez subidos los tres de nuevo en el coche oficial, les dio por describir el cuerpo de la compañera, en la que se fijaron al subirse al coche.

-Vaya cinturita tienes, ehhhh (Esto lo dijo Al.).

-Es que tiene el cuerpo de española, bien marcado -repuso Cristian.

-Bueno, sabes que quien va de copiloto tiene que permitir que el piloto le toque las tetas -soltó Cristián.

-“Obviamente no” -replicó M.B.M.

Fue a partir de ese momento, cuenta la víctima, “cuando se empezó a notar mi incomodidad de manera aun más notable. Ya había pedido a ambos, juntos y por separado, que cesaran en su actitud”, precisa.

En ese momento se produjo un aviso de robo y dejaron las groserías. Pero la noche no había terminado aún.

En las siguientes tres horas tuve que soportar de Cristián las siguientes frase, narra M. B. M.

-¿Cuántas veces te has tocado imaginando a la compañera pleiteando en la sala de lo civil con un escote y unas gafas? ¿Sabes que llevas abiertas las ventanas del coche para que se te pongan los pezones duros y poder verlos, no?

Cristián dirigiéndose a Al: “¿Y tú qué crees, que es tranquila o que luego es una guarra y no quiere parar…? Y azotándola, ¿te la has imaginado? ¿Preferirá por delante o por detrás?

-Tranquila”, añade Cristian, “aun queda mucho tiempo hasta que cambies de destino, vas a caer seguro… Descuida tío -agrega Cristián- acabará cayendo… son muchos meses hasta enero”.

Interviene Al. “Claro que me he pajeado penando en ella mientras la arrastro del pelo por el suelo, escupiendo en una botella y haciéndoselo beber. También me he hecho manuelas imaginando que me corro en su cara, iba a quedar perdida. Buah…, parece muy seria y normalita, pero luego seguro que es muy guarra y pide más. Tú tranquila, que yo te dreno las prótesis, es solo un masajito de vez en cuando”. Todos estos improperios iba oyéndolos la víctima, que estaba de copiloto.

Describe M. B. M. que así estuvieron casi toda la noche, creando una situación “muy desagradable”. “Esa noche les pedí enfadada que pararan, al menos 20 veces”. “Dejaron las groserías cuando me bajé del coche para tomar un bocadillo, ya en el cuartel. Y ya no volví a subirme en el coche con ellos.

Al. intentó tener citas con ella varias veces con anterioridad a estos hechos, pero ella le dio largas, según explica el Supremo en la sentencia que ratifica la medida cautelar de tres meses de suspensión de empleo y sueldo que les impuso la directora general de la Guardia Civil. Ellos han recurrido esta sanción, pero los jueces la han avalado, al menos, de momento, en el caso de Cristián.

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