La primera gran ola de calor del verano ya tiene consecuencias más allá de los termómetros. El fuerte aumento de las temperaturas ha provocado un repunte de la demanda eléctrica que ha llevado el precio de la luz a superar los 100 euros por megavatio hora por primera vez desde mediados de marzo.
Con amplias zonas de España por encima de los 40 grados, millones de hogares han recurrido al aire acondicionado de forma intensiva para combatir el calor. Ese incremento del consumo de luz ha coincidido con una menor aportación de algunas fuentes renovables, generando una tormenta perfecta para el mercado eléctrico.
El precio de la electricidad alcanzó los 112,42 euros por megavatio hora, un nivel que no se registraba desde hace más de tres meses. Aunque posteriormente se moderó hasta los 95,57 euros, sigue muy por encima de los valores registrados durante el fin de semana y confirma una tendencia al alza ligada al episodio de calor extremo.
La explicación está en el comportamiento habitual del sistema eléctrico durante las olas de calor. Cuando millones de aparatos de climatización funcionan al mismo tiempo, la demanda se dispara especialmente durante la tarde y la noche. Para cubrir ese consumo adicional, el sistema necesita recurrir a tecnologías con costes más elevados, lo que termina elevando los precios de la luz.
Además, el calor extremo tampoco favorece siempre a las energías renovables. Las plantas fotovoltaicas mantienen una elevada producción gracias a las largas horas de sol, pero las altas temperaturas reducen su eficiencia. A ello se suma la escasez de viento asociada a las masas de aire cálido, que limita la aportación de la energía eólica precisamente cuando más electricidad se necesita.
Los momentos de mayor tensión se concentraron durante las horas punta, coincidiendo con el regreso de millones de personas a sus hogares. En esas franjas, el mercado llegó a registrar precios cercanos a los 186 euros por megavatio hora.
Pese a todo, el actual peso de las energías renovables en España está actuando como un amortiguador frente a subidas todavía mayores. Hace apenas unos años, un escenario similar habría tenido un impacto mucho más acusado debido a la dependencia del gas para generar electricidad.
Sin embargo, para los consumidores el encarecimiento de la luz llega en un momento especialmente sensible. La recuperación del IVA de la electricidad al 21% y la vuelta de otros gravámenes energéticos hacen que cualquier subida del mercado tenga un efecto más visible en las facturas domésticas.
El verano acaba de comenzar, pero la combinación de altas temperaturas, mayor demanda de aires acondicionados y presión sobre el sistema eléctrico ya ha dejado una conclusión evidente: cuando el calor aprieta, la factura de la luz también sube varios grados.