El juego de azar ya no es solo cosa de adultos ni de espacios cerrados. Cada vez aparece antes en la vida de los adolescentes y lo hace de múltiples formas: desde una pantalla en el móvil hasta una máquina recreativa en un local cercano. Los últimos datos oficiales confirman una tendencia que preocupa a las autoridades sanitarias y abre un debate urgente sobre prevención, educación y acompañamiento.
Según los datos más recientes, en 2025 el 13 % del alumnado de secundaria participó en juegos de azar online, mientras que el 20,9 % lo hizo de forma presencial. Ambas cifras suponen un aumento claro respecto a 2023, con subidas de más de dos puntos porcentuales en cada modalidad. No es un salto anecdótico: es una señal de que el juego se está integrando de manera progresiva en la rutina juvenil.
Este crecimiento no se explica solo por la curiosidad. El acceso temprano a internet, la publicidad encubierta en redes sociales, la gamificación de las apuestas y la percepción de que “no pasa nada” están jugando un papel clave. Para muchos jóvenes, apostar no se percibe como un riesgo, sino como una forma más de entretenimiento, rápida y aparentemente inofensiva.
El problema aparece cuando esa normalización choca con una realidad poco visible: el impacto emocional y económico que puede tener el juego en edades en las que el autocontrol, la toma de decisiones y la gestión de impulsos aún están en desarrollo.
Las cifras proceden de la Encuesta sobre Uso de Drogas en Estudiantes de Enseñanzas Secundarias (ESTUDES), presentada por el Plan Nacional sobre Drogas. El estudio se llevó a cabo entre febrero y junio de 2025 y contó con una muestra representativa de 35.256 estudiantes de toda España, lo que refuerza la solidez de los resultados.
Además, el informe incorpora datos de personas admitidas a tratamiento por adicciones comportamentales, notificados por las comunidades autónomas. Este punto es especialmente relevante, ya que muestra que el juego no es solo una práctica ocasional, sino que en algunos casos deriva en problemas reales de salud que requieren intervención profesional.
Desde el ámbito sanitario se insiste en la necesidad de reforzar la prevención temprana, implicando a centros educativos, familias y administraciones. Hablar del juego de azar con naturalidad, pero también con claridad, es clave para que los jóvenes comprendan los riesgos antes de que aparezcan las consecuencias.
Porque detrás de cada porcentaje hay personas jóvenes, con nombres, emociones y futuros por construir. Y actuar a tiempo puede marcar la diferencia entre una experiencia puntual y una adicción que condicione toda una vida.