Nadie puede conocer a quienes honradamente y con el esfuerzo del trabajo del día a día van suministrando sus propósitos de contribuir con su visión a hacer de esta nación un país mejor. Resulta loable que, desde el ámbito privado, se asuma la educación no solo como una actividad profesional, sino como un servicio público esencial que complementa la labor del Estado en la formación de las futuras generaciones. Es, en esencia, una inversión social donde el beneficio real se mide en el capital intelectual y ético que se entrega a la sociedad; una siembra de civilización frente a los riesgos de la ignorancia.
No obstante, se observa con preocupación cómo en ciertos sectores se pretende desvirtuar esta noble función. En la geografía española, el derecho a la educación y la libertad de enseñanza están consagrados en la Constitución y regulados por el marco de la LOMLOE, que busca garantizar la calidad y el acceso equitativo. Quien, amparado en la gestión de centros educativos, prioriza el lucro desmedido sobre la excelencia pedagógica, está eludiendo el verdadero sentido de la ley. Es imperativo recordar el principio de la función social de la empresa, que en el ámbito docente exige que las aportaciones de las familias y los recursos públicos se destinen estrictamente al fortalecimiento del proceso enseñanza-aprendizaje y a la dignidad de su infraestructura.
Es éticamente censurable que algunos promotores, ignorando la buena fe de los padres y representantes, conviertan las cuotas en un mecanismo de incremento patrimonial privado, descuidando la esencia de la comida intelectual que deben proveer. La educación no es una mercancía de mercado, sino un punto de vocación donde el esfuerzo debe converger en una instrucción de altura. No son todos los que están, ni están todos los que son, pero es necesario señalar a quienes han construido recintos escolares no como templos del conocimiento, sino como negocios de beneficio unilateral, traicionando la confianza ciudadana y desmembrando el futuro de la nación.
«La justicia que se ensaña con el inocente para dar ejemplo, no es justicia, es un sacrificio pagano en un altar de leyes.» — Doctor Crisanto Gregorio León
Doctor Crisanto Gregorio León
Profesor Universitario