Los manglares, las marismas y las praderas marinas desempeñan un papel esencial en la protección del planeta, pero un nuevo estudio advierte de un riesgo poco conocido. Un equipo internacional de investigadores, con participación del Centro de Estudios Avanzados de Blanes (CEAB-CSIC), ha concluido que la degradación o desaparición de estos ecosistemas puede provocar la liberación de mercurio acumulado durante décadas en sus sedimentos.
Además de capturar grandes cantidades de carbono y ayudar a frenar el cambio climático, estos espacios naturales funcionan como auténticos filtros que retienen contaminantes peligrosos, incluidos metales pesados. Sin embargo, cuando sufren daños por la acción humana o por fenómenos extremos, ese mercurio puede volver al medio ambiente. Los investigadores estiman que este proceso podría liberar unas 26 toneladas del metal cada año en todo el mundo.
Entre las principales amenazas destacan el dragado, la pesca de arrastre, la expansión urbana en las costas, los vertidos de petróleo, las inundaciones, las sequías y las olas de calor marinas. El estudio señala que las zonas con mayor riesgo se encuentran en Asia oriental, América Latina, el Caribe, África subsahariana y diversas islas del Pacífico. Los expertos consideran que estos hallazgos refuerzan la necesidad de proteger y restaurar estos ecosistemas para evitar que contaminantes acumulados durante años vuelvan a circular y supongan un riesgo para la salud y el medio ambiente.