Cuando las denuncias se llevan a cabo muchos años después de los supuestos hechos, gran parte de la credibilidad se devalúa. A los humanos gusta empezar por los tactos antes de que pueda consumir el delirio de adentrarse en cuerpo ajeno.
Hasta la Biblia ampara la tentación advirtiéndonos de que la carne es débil como un ramo de rosas en invierno y trata de fortalecer esa limitación con una voluntad de austeridades. Pero ni con esas.
Tiempo atrás, me llamó la atención ver en la Academia de Florencia que, al portentoso David de Miguel Ángel le tocaban el mármol frío de su trasero cuantos pasaban. Comprobados los hechos no han tenido otra solución que acordonarlo por miedo al desgaste de tan excelsas curvaturas. Y así.
En momentos sospechosos han colocado en el asador de Julio Iglesias la carne, supuestamente comprometida de dos muchachas contratadas por el cantante… Al primer día de que esto sucediera debían haber renunciado a su empleo, porque las vejaciones de este nivel no deben soportarse más allá de los intentos.
Pedro Villarejo