La camiseta que llevas puesta puede haber costado menos que una comida rápida, pero su verdadero precio se mide en litros de agua, toneladas de carbono y desechos textiles en constante aumento. Lo llaman ultra fast fashion, un modelo de consumo impulsado por plataformas como Shein y Temu, que fabrican millones de prendas a velocidades nunca vistas.
Estas marcas han revolucionado la industria con diseños nuevos cada día y precios increíblemente bajos. Sin embargo, detrás de esta aparente accesibilidad hay un impacto devastador: contaminación masiva y explotación laboral. Producir una sola camiseta de algodón consume 2,700 litros de agua, mientras que un par de jeans puede requerir hasta 10,000 litros. Además, la industria textil genera el 10% de las emisiones globales de CO₂, superando incluso al transporte aéreo y marítimo combinados.
Shein, líder en esta industria, lanza más de 7.000 productos diarios y en 2024 registró ingresos por 38.000 millones de dólares. Su modelo se basa en producir pequeñas cantidades de muchos diseños y aumentar la fabricación de los más vendidos. Temu sigue un camino aún más agresivo, con precios más bajos y envíos gratuitos.
México no ha escapado a este fenómeno. Ambas plataformas ya dominan el 40% del comercio electrónico de moda en el país, beneficiándose de regulaciones débiles que permiten la importación sin aranceles. Desde enero de 2025, el gobierno mexicano impuso un impuesto del 19% a estas marcas, pero el impacto aún es incierto, según detalla Excelsior.
Mientras tanto, el consumidor sigue atrapado entre la necesidad económica y el deseo de novedad. La Gen Z dice preocuparse por la sostenibilidad, pero es la que más compra en estas plataformas. La moda ha perdido su valor: ya no se repara, no se hereda, se desecha.
Si no cambiamos el modelo, el planeta pagará un precio irreversible. La ropa no debería costarnos el futuro.