Ana Ciprés se convirtió en una de las imágenes más emotivas tras el accidente ferroviario de Urda (Toledo), cuando el Seprona le devolvió a Trece, su perro bichón maltés. Sin embargo, su marido, José San Emeterio, sevillano de 58 años, continúa desaparecido. «Pepé», repetía Ana entre lágrimas, mientras esperaba noticias en el polideportivo habilitado para atender a los familiares.

La familia supo que José viajaba en el AVE gracias a una alerta enviada a su hermano Manuel a través de su reloj inteligente, que lo identificaba como contacto de emergencia. Al consultar la ubicación, descubrió que la señal estaba sobre las vías del tren. Poco después, confirmaron que José viajaba en el vagón ocho del convoy que cubría la ruta Madrid-Sevilla.
José, padre de una adolescente de 16 años, vive en Madrid con Ana, con quien se casó hace cuatro años. Ambos acababan de firmar las arras de una vivienda en Sevilla y tenían numerosos proyectos en común. Su familia lo recuerda como una buena persona, muy aficionada al Betis y con una trayectoria profesional que lo llevaba a desplazarse habitualmente entre Madrid y Sevilla.
Sus hermanos, Esther y Manuel, acudieron a la Guardia Civil para registrar la desaparición y facilitar muestras de ADN. La espera estuvo marcada por la incertidumbre y los cambios emocionales. «Hay picos de esperanza absoluta y picos en los que te vienes abajo», explica Esther, reflejando la angustia que atraviesa toda la familia.
La aparición de Trece supuso un pequeño consuelo, pero no alivió la preocupación por José. «Lo que estamos deseando es que nos llamen, que nos digan que mi hermano está en el hospital», expresa Esther. Mientras continúa la búsqueda, sus seres queridos se aferran a la esperanza de recibir noticias que les permitan reencontrarse con él.