A los independentistas fanáticos les ocurre como a los talibanes, que se creen que lo suyo es verdad. Y se pasean por el mundillo de las televisiones, tertulias y demás amparos a medida para gimotear las crueldades que sufren desde una España que les desconsidera y los esclaviza.
Han gastado lo inimaginable de lo nuestro para seguir con sus cantos de sirena y el presidente de la Nación, que ellos desprecian, se ha conmovido también al considerar tanto oprobio a unas inocentes criaturitas que sólo quieren “lo suyo” y luego, si procede, hasta harían el esfuerzo de querernos un poco, como contrapeso al odio que hoy profesan.
Oriol Junqueras ha manifestado en diversas ocasiones que es católico practicante (¿acaso puede llamarse católico el que no practica?) y yo, como compañero de fe, le pediría que no traslade a la religión sus apasionamientos de raza porque hace siglos que las Inquisición dejó de estar vigente.
Desconozco si hay capellán en Moncloa pero, puestos a pedir, no le vendría mal uno de su cuerda que saliera también a recibirlo.
Pedro Villarejo