Islandia ha vuelto a marcar distancias con la Unión Europea. El país nórdico ha rechazado en referéndum la posibilidad de reanudar las negociaciones para su adhesión al bloque comunitario, en una votación que ha terminado inclinándose por el ‘No’ pese a que los sondeos previos apuntaban a un resultado mucho más ajustado.
Con prácticamente todo el recuento completado, el rechazo a retomar las conversaciones con Bruselas alcanza el 52,5% de los votos, frente al 47,5% obtenido por quienes defendían recuperar el proceso de adhesión. La diferencia, de más de cinco puntos, deja sin margen para un vuelco de última hora.
El resultado supone un revés para el Gobierno de la primera ministra, Kristrún Frostadóttir, y especialmente para el ministro de Economía, Daði Már Kristófersson, uno de los principales impulsores de la consulta. Ambos habían defendido la conveniencia de volver a sentarse con Bruselas para explorar las condiciones de una eventual incorporación.
La cuestión pesquera ha vuelto a situarse en el centro del debate. Para Islandia, la pesca constituye un sector estratégico y una de las principales razones por las que buena parte de la población mantiene sus reservas respecto a la pertenencia a la UE. La aplicación de una política pesquera común ha sido históricamente uno de los principales puntos de fricción entre Reikiavik y Bruselas.
Islandia inició formalmente las negociaciones para incorporarse a la Unión Europea en 2010, en plena crisis económica y financiera que había golpeado con especial dureza al país.
Sin embargo, apenas tres años después, el proceso quedó paralizado. Entre las cuestiones que dificultaron el avance estuvieron precisamente las diferencias sobre la gestión de los recursos pesqueros y el temor a que la entrada en la UE limitara la capacidad de Islandia para controlar uno de los sectores fundamentales de su economía.
Desde entonces, la adhesión europea ha continuado siendo un asunto especialmente sensible en la política islandesa.
El referéndum pretendía precisamente responder a una cuestión previa: no decidir directamente si Islandia debía convertirse en miembro de la UE, sino determinar si el país debía volver a abrir las negociaciones y conocer las condiciones que Bruselas estaría dispuesta a ofrecer.
La respuesta de los votantes ha sido negativa.
El resultado evidencia las dificultades que sigue teniendo la Unión Europea para convencer a una parte mayoritaria de la sociedad islandesa. El país comparte vínculos económicos y políticos muy estrechos con Europa y forma parte del Espacio Económico Europeo, pero nunca ha dado el paso definitivo hacia la integración comunitaria.
La pertenencia a la UE implicaría, entre otras cuestiones, aceptar las reglas comunitarias y participar en la política pesquera común, precisamente uno de los asuntos que más recelos despierta entre los islandeses.
Los defensores del ‘Sí’ habían argumentado que reabrir las conversaciones permitiría conocer con precisión las condiciones de una eventual adhesión antes de tomar una decisión definitiva. Los partidarios del rechazo, sin embargo, han interpretado el referéndum como una oportunidad para mantener el control nacional sobre sectores considerados estratégicos.
El resultado devuelve así a Islandia a una posición que parecía superada durante los últimos meses: la de mantener congelada cualquier posibilidad de avanzar hacia la Unión Europea.
Para el Gobierno islandés, el revés obliga ahora a replantear su estrategia europea. Para Bruselas, supone que uno de los pocos países europeos que en el pasado inició negociaciones de adhesión y después las abandonó vuelve a mostrar sus reticencias a integrarse plenamente en el proyecto comunitario.