Europa ha encendido las alarmas. Un dron impactó en la base británica de Akrotiri, en Chipre, causando daños materiales limitados, según el Gobierno chipriota. Poco después, otros dos aparatos fueron interceptados. Aunque no hubo víctimas, el mensaje fue claro: el conflicto en Oriente Próximo ya roza territorio europeo.
La isla mediterránea, miembro de la Unión Europea, se encuentra a más de 1.400 kilómetros de la frontera más occidental de Irán. Sin embargo, su proximidad a Líbano —a apenas 300 kilómetros— la convierte en un punto estratégico en plena escalada regional. Grecia reaccionó enviando una fragata y cazas como medida de apoyo.
Ante este escenario, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, pidió a la UE estar “preparada para las consecuencias” de una guerra en Oriente Próximo. Energía, transporte, defensa, migración y seguridad. Todos los ámbitos pueden verse afectados si la tensión continúa creciendo. Bruselas convocó una reunión de urgencia para analizar la situación.
Von der Leyen insistió en que Chipre “no es un objetivo” de Irán. También el presidente chipriota, Nikos Christodoulides, intentó rebajar la tensión. Aun así, la sensación en las capitales europeas es de preocupación real. El conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán ha entrado en una fase imprevisible.
Las reacciones no se hicieron esperar. Francia, Alemania y Reino Unido reafirmaron su coordinación en materia de seguridad. Sin embargo, el canciller alemán descartó una participación activa en operaciones ofensivas, limitándose a subrayar el derecho a la defensa si fueran atacados.
El presidente francés, Emmanuel Macron, anunció que Francia reforzará su arsenal nuclear y trabajará con Berlín y Londres en el desarrollo conjunto de misiles de largo alcance. “Para ser libre hay que ser temido”, afirmó, en un mensaje que refleja el nuevo clima de disuasión estratégica en Europa.
Desde España, el ministro de Exteriores trasladó su condena al ataque contra Chipre y reiteró que el territorio europeo debe seguir siendo un espacio de paz. Madrid también negó el uso de bases como Rota o Morón para operaciones ofensivas contra Irán, buscando evitar una implicación directa.
Al mismo tiempo, Bruselas ha evitado alinearse plenamente con Washington o Tel Aviv. La portavoz comunitaria subrayó la necesidad de máxima contención y respeto al Derecho internacional. Von der Leyen volvió a insistir en que la única salida duradera es la diplomática. Para ello, pidió el fin de los programas nuclear y balístico iraníes y una transición política creíble tras la muerte del ayatolá.
El impacto en Chipre ha sido limitado. Pero su significado es profundo. Europa ya no observa el conflicto desde la distancia. Ahora lo siente más cerca. Y el temor es que cualquier nuevo movimiento convierta una crisis regional en un problema de alcance continental.