Casi nada trasciende de lo que se cuece dentro de las saunas gays, qué hacen los empleados, qué queda cuando la noche se esfuma y se abren las ventanas del día.
¿Cómo es la trastienda de las saunas gay? No ya desde la perspectiva de la bulla sexual. Más bien desde la óptica de la higiene, de las situaciones a las que se enfrentan clientes y empleados tras noches con la sala hasta los topes y fluidos corporales por doquier.
No es común, porque tienen pacto de confidencialidad, que un empleado de sauna gay desvele las interioridades que ha vivido en la sauna durante algunos meses.
Hay uno. Su local es uno de los más importantes de Madrid (se evita el nombre en esta información, pero no estamos ante simples e imaginativos comentarios de bar.
Este empleado ha puesto una querella en los juzgados de la plaza de Castilla de Madrid. Por un delito contra los derechos de los trabajadores. Contra el dueño de su sauna. Por vulnerar la legislación laboral en materia de higiene.
Cuenta escenas nocturnas terribles a las que a veces tenía que enfrentarse sin ser ese su cometido según contrato.
No se podía llamar al SAMUR, sostiene, si a un cliente se le iba la mano con la droga, estaba terminantemente prohibido, eso podía generar inspecciones municipales, le advertían sus jefes.
O con la bebida. O con ambas cosas. Se quedaban inconscientes.
«Me obligan a atender a los clientes con problemas, algunos perdían la conciencia por exceso de drogas y alcohol. Y había que estar con ellos hasta que se recuperasen.
Ese no era mi trabajo, y me obligaban a hacerlo, sin adoptar las debidas medidas de higiene. Y tenía que recoger condones usados de las salas oscuras y juguetes que quedaban olvidados, todo lleno de fluidos, en el suelo, en las colchonetas…
Él se quejaba una y otra vez de la falta de higiene, pero los jefes le decían: «Es lo que hay, o lo tomas o lo dejas». Otras veces el jefe lo llamaba con cierta sorna «el sindicalista».
Asegura que realizó todo tipo de funciones, desde camarero y portero hasta cuidador de clientes en mal estado que se pasaban con las drogas, así como recoger del suelo condones usados y no pocas veces defenderse de clientes que le acosaban sexualmente mientras trabaja.
Afirma que su prolongada estancia en la sauna sin las debidas medidas de seguridad e higiene le han acarreado una parálisis facial lateral.
Harto de la desidia de sus jefes y de hacer estos oídos sordos a sus reiteradas quejas para incrementar las medidas de seguridad e higiene, ha buscado a un abogado y le ha puesto una querella a sus jefes en los juzgados de Madrid.
Lo que cuenta es muy fuerte. Si tiene pruebas, y las tiene, de lo que dice, puede prosperar su querella por un delito contra los derechos de los trabajadores. Un caso bastante inédito. Y por lo penal.
Asegura que muchas veces describió las irregularidades de seguridad e higiene a la administradora del local. Siempre le decían lo mismo: «Si no te gusta, ahí tienes la puerta…».
Necesitaba el dinero y continuó hasta que ya no pudo más. No existían equipos de riesgo y protección, exposición continuada a flujos, habitual consumo de drogas dentro del local, con aquiescencia de los dueños, nada de llamar al Samur, exceso de aforo y horas de trabajo y extras hasta la extenuación.
Hasta el dueño, cuyo nombre se corresponde con las iniciales J. M., le dijo cuando una vez se quejó personalmente ante él de la falta de medidas. «A mí no me cuentes tonterías, es lo que hay y si no te gusta, ya sabes, a la calle».
Tampoco le gustaba a este trabajador que la sauna le pagase a veces las horas extra en B.
Sufre parálisis facial. Ha sufrido daños, según él, por la ausencia de unas adecuadas medidas de seguridad. Estaba contratado, por tanto también le afecta la legislación laboral.